Un Lobo en el Nevado

Probamos la nueva Ford Lobo en el frío volcán a 1 hora de DF, esto es lo que pasó.
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Fotos: Gunther Sahagún y Roberto Hernández  -  (Foto: Fotos: Gunther Sahagún y Roberto Hernández)

4:00am: Suena el despertador, de verdad creo que es la parte más difícil del viaje. No hay señal para ninguno de mis sentidos, no hay ruido, no hay gente en las calles, bueno, sí, mucho frío.

Algo que nos encantó de la Ford Lobo Platinum es el sistema de encendido desde el control. Bastó con dar dos clicks para encender desde mi ventana y escuchar el rugir de ese motor de 365 caballos de fuerza, en ese momento el primer signo de vida surgió. “¡Deja Dormir!”. Creo era la vecina amargada del edificio...

5:00 am: Por supuesto que este monstruo no lo iba a disfrutar yo sólo, así que sumamos a dos integrantes más del equipo. Pero pensándolo bien, creo pude haber invitado a todo el equipo. ¡De verdad! Es como si la sala de mi casa tuviera ruedas y claxon, o más bien, como si la sala y el patio de mi casa tuvieran ruedas.

Ahora sí, todo listo para partir del punto de encuentro. Ajuste de pedales eléctrico, listo, posición de asiento eléctrico listo, posición de volante eléctrico listo, MP3 con The Clash listo. Nevado aquí vamos.

5:15 am: Algo muy característico de esta edición de la Ford Lobo es el cuerpo de aluminio con el que esta fabricada. Sumado al motor EcoBoost  de 6 cilindros, da como resultado una potencia excitante sin devorar gasolina. Claro que no nos importó gastar un poco de gasolina en esta prueba. Así que descubrimos un botón en la palanca, una S, que efectivamente sumó más adrenalina a nuestro viaje.

6:00 am: -2°C marcaba el termómetro exterior cuando llegamos al último tramo de pavimento. Casi para ingresar al parque nos sentíamos como en casa, con el sistema de calefacción en los asientos y el volante. Todo fue increíble en la autopista, de hecho no sentimos nada, aparte de velocidad y potencia. Pero sabíamos que esta camioneta no era la reina de las autopistas y estábamos a punto de comprobarlo.

6:10 am: Creo que con esta vez sumo 7 subidas al Nevado. Todas ellas en mi auto: un sedán de 4 puertas, elegante, discreto, pero definitivamente no el indicado para estos terrenos. 40 minutos me tomaba subir hasta el último punto de control.

Era momento de aprovechar la nula presencia de almas en estos caminos para acelerar a fondo nuestro Tiranosaurio con sistema de tracción All Wheel Drive. Éramos como 3 niños en Disneylandia. La suspensión y el control de tracción nos dieron 20 minutos de satisfacción, ese fue el tiempo que nos tomo llegar al último punto de control.

6:30 am: Se nos hizo un poco temprano. Bastó con abrir el techo panorámico, reclinar los asientos y disfrutar los últimos minutos de estrellas que darían pie a un amanecer de película.

9:00 am: Después de disfrutar el amanecer, tomar muchas fotos y unas cuantas Selfies y sufrir un frío endemoniado, era momento de regresar a la oficina. “¡Demonios quisiera que mi oficina fuera esta Lobo y mi trabajo fuera viajar todo el día por lugares como este!”, pensé en voz baja.

En ese momento, cedí los controles del tiranosaurio a Gunther, el editor de foto, para disfrutar el regreso. Definitivamente él tiene más agallas y experiencia que yo. El regreso fue igual o más excitante que la subida. Ya en la autopista prendí el sistema de masaje de los asientos, le puse play a un disco de The Smiths y creo que dormí como un recién nacido. Lo siento, pero me desperté a las 4am.

Nota: Esta prueba no fue realizada por expertos en automovilismo. Si quieres saber cosas más técnicas te recomendamos leer el manual. Nosotros sólo nos divertimos con una de las mejores camionetas de la gama Ford.

Nota 2: En nuestro viaje sólo picamos máximo 10 botones de las decenas que tiene.

Si quieren ver las fotografías con más detalle, visiten nuestro Tumblr.

 

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