La maravilla eléctrica de BMW

Probamos el i3, una de las mejores formas de desplazarse sentado a través de la ciudad
-
Fotos cortesía de BMW  -  (Foto: Fotos cortesía de BMW)

El BMW i3 es un automóvil 100% eléctrico, una atrevida apuesta por el futuro de la movilidad y todo eso que las mentes ecológicas gustan de recalcar y hasta de pontificar.

Es difícil de imaginar que una compañía como BMW haya creado un automóvil tan diferente a lo que ha hecho que la marca bávara tenga el reconocimiento de una leal comunidad de seguidores; y sin embargo, el i3 es un vehículo notable por derecho propio.

Mucho de lo que hace eficiente un automóvil es similar a lo que lo hace rápido: eficiencia es el nombre del juego, hacer más con menos, no añadir peso innecesario y reducir donde sea posible sin comprometer la durabilidad, la resistencia y la seguridad del coche.

En el BMW i3 se aplica el concepto de construcción "LifeDrive", en el que los componentes mecánicos, como el motor eléctrico de 170 bhp, van montados en un chasis autocontenido hecho de aluminio reciclado en un 50% —la parte "Drive" de la denominación—; y la carrocería que contiene el habitáculo es una célula separada —módulo "Life"—. Esto ofrece ventajas, como un centro de gravedad más bajo, que se traduce en mejor estabilidad sin importar la altura de la carrocería, la facilidad de servicio y la posibilidad de utilizar la misma plataforma en vehículos de concepción y diseños muy distintos.

La pornografía ingenieril continúa con una carrocería monocasco o módulo "Life", similar en apariencia a un monocasco de acero, pero con este material reemplazado por liviana fibra de carbón con refuerzos de magnesio; el monocasco pesa tan sólo 150 kg. En el exterior lleva paneles de material plástico termoestable, del cual un 25% es reciclado. El i3 pesa tan sólo 1,250 kg, toda una hazaña para un vehículo eléctrico.

 

Leer: Autos de diseñador

El interior ofrece un ambiente distinto en lo que se refiere a materiales, que son más amigables y menos técnicos, se acercan más a una casa que a un auto. La sensación es distinta pero agradable. La tela de los asientos tiene un 34% de botellas de PET recicladas y el tablero utiliza capas de madera de kenaf, una planta similar en consistencia y ligereza al bambú, mientras que los recubrimientos de las puertas son de fibra de la misma madera. Todo esto suena bien y muy ecológico, pero al final todas las ideas que componen el i3 no importarían si el manejo y la habitabilidad del auto no hicieran juego con la expectativa, que es alta; especialmente al observar al atrevido diseño exterior, cuya parte media rompe con esquemas al incorporar formas inusuales en las ventanillas laterales y puertas traseras tipo suicidio para una habitabilidad de primer nivel, como de taxi londinense.

Al parecer, el BMW i3 es una de las mejores formas de desplazarse sentado a través de una ciudad, especialmente en algunas de México, como el DF donde el tránsito es parte importante de nuestra vida diaria. Es confortable como la sala de una casa, más silencioso que un ratón de biblioteca con pantuflas y tiene reacciones que a más de dos deja boquiabiertos.

La mayor ventaja de un motor eléctrico es que dispone de toda su fuerza —torque— desde cero revoluciones por minuto, por lo que si el acelerador llega a la alfombra, la cabeza llega al fondo del asiento, no hay más. La ventaja de todo ese torque es que no es necesario —ni recomendable— acelerar a fondo todo el tiempo, sino disfrutar de esa excelente reacción para moverse ágilmente entre el tránsito, desde un puesto de observación privilegiado. El sistema de frenado consiste en un frenado regenerativo que devuelve algo de energía a las baterías (al usar el movimiento para impulsar el motor como un generador) con sólo soltar el acelerador, de modo que se puede conducir en determinadas circunstancias con sólo un pedal, ya que al levantar el pie se produce un efecto de frenado nada despreciable y que se transforma en electrones.

La batería a tope de carga en teoría es buena para 160 km, pero depende muchísimo de los hábitos y condiciones de manejo. Por ejemplo, en tránsito a vuelta de rueda se regenera muy poca energía, en comparación con recorridos más largos a velocidad constante. La carga es la parte medular de poseer un auto eléctrico como este i3 Mobility, ya que de eso depende qué tan práctico resulte. La carga se obtiene al 80% entre tres y seis horas usando un cargador especial de 220 V BMW i Wallbox.

El i3 se siente rígido y silencioso, sin ruido de motor que pudiera ocultar rechinidos y demás sonidos molestos. Al pasar, otros conductores miran con curiosidad el i3, que transcurre por la ciudad en total silencio, proponiendo una forma distinta de moverse, sin pistones ni gasolina —lo cual me entristece un poco—, sin embargo, si el futuro va a funcionar así de bien, quizá no sea tan grave.

También podría interesarte

Ahora ve
No te pierdas