Javier Bardem, un actor al servicio del cambio social

Carlos Gómez, director editorial de la revista Cine Premiere, nos habla sobre el actor español.
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Bardem: "Yo decidí hace mucho tiempo que haría lo que amo sin importar la res...  -  (Foto: Getty Images)

Bardem no es cualquier español, sino aquel que los libros recordarán como el primero en ganar un Oscar como Mejor actor. Como si eso no fuera suficiente, es un hombre que resplandece a través de la potencia de su arte histriónico y es el artífice de uno de los momentos más emocionantes que el arte nos brindó en la década pasada.

Ahí estaba, con Hollywood a sus pies, con la estatuilla en mano, disculpándose por hablar castellano para dirigir el discurso de aceptación hacia su madre: "Esto es por los cómicos de España, que han traído, como tú, la dignidad y el orgullo a nuestro oficio." 

Ex jugador de rugby, aprendiz de pintor y de padre de dos, Bardem coronaba con el Oscar una temporada en la que lo ganó todo al participar en No Country for Old Men, de los hermanos Coen. Es cierto, ha conquistado todo en los principales festivales -Cannes, Venecia y demás-, pero ese Oscar de 2008 no sólo le dio su justo lugar entre las estrellas, sino que probaba que ese derrotismo, tan arraigado de la hispanidad, también podía tener leyendas de triunfo.

Sin temor a equivocarme, hoy es el actor más destacado de la Iberia y uno de los mejores del mundo. 

Del hostigamiento a su madre actriz (Pilar), al encarcelamiento del tío cineasta (Juan Antonio), el franquismo heredó un hijo o, más bien, un histrión único. El mismo que años después le dedicaría el Oscar a una familia de artistas de conciencia social muy activa. 

Quizás por eso es que, tan sólo dos meses después de aquella noche, ya estaba en África con los desplazados saharauis en el único festival que se realiza en un campo de refugiados, el Fisahara. De esta experiencia produjo el documental Los hijos de las nubes, en el que retrataría las injusticias padecidas por aquel pueblo y su protesta en Naciones Unidas para que la cosa cambie de una vez por todas. 

Como ése, varios ejemplos que lo convierten en el héroe (o antihéroe), sin que él tenga pretensiones de serlo. El último le valió los titulares al firmar una carta, junto con varios de sus colegas, en la que rechaza las acciones bélicas israelíes en Gaza. Un acto más sumado a su impresionante curriculo actoral, en el que aparecen directores de la talla de Woody Allen, Pedro Almodóvar, Alejandro Amenábar, Alejandro González Iñárritu, Terrence Malick, Sam Mendes y Ridley Scott. Todos ellos lo quisieran tener en su set. 

Gracias a mi profesión, he tenido la oportunidad de sentarme con él varias veces a recapitular sus logros y siempre me encontré con un tipo de palabra pensada, alegre, directo. Y algo que me sigue sorprendiendo es que un hombre con ese dominio corporal haya dado una de las actuaciones más contundentes con tan sólo ojos y voz, en Mar adentro, un estandarte actoral.

Alguna vez platicábamos sobre una cinta ligera, Comer, rezar, amar, seguida por el dramatismo de Biutiful, hasta llegar a su antagónico en la franquicia del 007 -a la postre, Skyfall ocupó el segundo lugar mundial de taquilla en 2012-, a lo que me contestó: "Me siento bien, soy muy afortunado de poder combinar una cosa con la otra [...], pero hay un momento en el que tienes que decidir qué tienes que hacer, si debes hacer las cosas correctas porque eso es lo que debes hacer, o mejor haces las cosas que amas. Yo decidí hace mucho tiempo que haría lo que amo sin importar la respuesta que tendría el exterior. Afortunadamente, la respuesta ha sido muy buena."

Un talento que también enfrenta retos, que no le teme al ridículo -conste que él mismo se burla de los excéntricos peinados de su filmografía-, que no se apoya en la caridad, sino en la participación activa cuando de causas sociales se trata. 

"De algo estoy realmente orgulloso -concluyó en esta charla-: Nunca he dejado que me tuerzan el brazo por las razones incorrectas. Basado en eso, si la película le va bien, mucho mejor. Si no, al menos tuve la sensación de que hice lo que creí". 


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