Alfonso Gómez Rejón, revelación con origen mexicano

Entrevistamos al director responsable de la película que sorprendió a Sundance
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Alfonso Gomez-Rejón en los Emmys (Getty Images)  -  (Foto: Alfonso Gomez-Rejón en los Emmys (Getty Images))

Su segunda película como director no sólo se convirtió en la gran revelación de Sundance, ganando allí el premio de la audiencia y el gran premio del jurado, sino que además despertó una furiosa subasta entre los grandes estudios, que hicieron lo imposible para quedarse con los derechos de distribución en Estados Unidos.

Finalmente, Fox Searchlight terminó pagando 20 millones de dólares, la cifra más alta en toda la historia del festival, y desde entonces Me and Earl and the Dying Girl se convirtió en la gran promesa del año. Nadie que haya visto la película puede ignorar que gran parte del mérito es de Alfonso Gómez Rejón, quién tras egresar de la prestigiosa Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York, se forjó junto a Martin Scorsese, Alejandro González Iñarritu, Nora Ephron y en los últimos tiempos, Ryan Murphy, quien no solo le dió la oportunidad de dirigir su primer film, sino que lo convirtió en su mano derecha como responsable de buena parte de los episodios en la última temporada de American Horror Story.

Nada de esto ya es un secreto en la gran industria del cine, en donde se ha transformado en el director que todos se disputan y todo parece indicar que continuará su carrera con Hugh Jackman, quien tiene una breve participación en Me and Earl, protagonizando el que promete ser su siguiente film, Collateral Beauty. Y aunque todos saben que Gómez Rejón pertenece a una familia mexicana de Laredo, Texas, no todos conocen todos los detalles. Precisamente para poder sentirnos orgullosos por él, nos sentamos en exclusiva con él y le pedimos que nos los contara.  

A partir de Me and Earl and the Dying Girl se te están abriendo las puertas de Hollywood. ¿Tienes algún proyecto entre manos que esté vinculado a tus raíces mexicanas?

Por supuesto. Tengo una película sobre la frontera que quiero hacer y de la que estoy desarrollando el guion. Llevo como diez años preparándola, pero ahorita ya me están haciendo caso. Es tipo Calles peligrosas o My Dinner with Andre, algo más personal, pero no sé si va a ser mi próxima película. Pero es un sueño que tengo y allí hablaré de las 3, 4 o 5 culturas de la frontera.

¿Cuales son esas culturas?

Por un lado están los mexicanos, luego tienes a los texanos, pero también está el Tex-Mex, y el movimiento chicano, que es diferente. Además están los norteños. Es que es tanto que está pasando en la frontera, hay muchas culturas que se están juntando, pero más que nada el idioma va cambiando. Hay texanos que hablan mejor el español que muchos méxicoamericanos de la frontera. La idea del idioma me interesa muchísimo. Es una película de gánsteres, pero no lo que te esperas. Ya la verás.

Has comentado que tu padre fue una inspiración muy fuerte para esta película, y uno de los temas que toca Me and Earl son las cosas que uno descubre después que alguien se muere. ¿Qué fue lo que descubriste tu con respecto a tu padre una vez que falleció?

Mi padre era el médico más humano que he conocido. Era psiquiatra y luchó toda su vida para reducir el estigma de la enfermedad mental. Era muy humano, muy chistoso, con una capacidad de querer y de demostrar su amor que era impactante. Siempre estaba contento, y fue un gran padre, un gran hijo, un gran esposo. Cuando falleció, yo sentí que había perdido a mi mejor amigo. Fue tan rápido que yo no entendía cómo seguir mi vida. Sabía que tenía que seguir por mi madre, pero trataba de ni ver las fotos, porque me dolía demasiado. Pero al dedicar la película a mi papá, algo cambió...

La primera vez que se dio fue en Sundance, y de repente me empezaron a preguntar por algo tan privado como ese dolor, mientras yo trataba de incorporar esa pérdida en mi vida, para así seguir adelante. Pero lo que había estado haciendo era dejar de hablar de él, porque me dolía mucho, y ahora estoy hablando de él. Estoy empezando a hacerle frente. En Sundance de repente estaba hablando de mi padre y, sin darme cuenta me puse a hablar continuamente de mi padre. Mi papá está ahora más vivo.

Al hacer la película pude al menos demostrar mi amor por él, en una forma más abstracta, y darle una forma. A algo tan abstracto le das una forma, que es una película.  Ha sido como decirle: “déjame demostrarte así lo que te quiero porque nunca había podido expresarlo”. Tenía que cambiar el dolor por algo, para que el dolor no me controlara. Tenía que seguir su ejemplo que era estar siempre feliz y ahora creo que sigue aquí pero en diferente forma. Y al hablar de él, él está presente, y yo le debía al menos eso.

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¿Tu papá era de Yucatán? ¿De qué ciudad?

Nació en Campeche, a los 6 meses sus padres se mudaron a Progreso, que está al lado de Mérida, y se quedó en Progreso hasta los 12, 13 años, y luego se fueron como en el 1939 que era la época de Lázaro Cárdenas y había problemas económicos entonces la familia se fue al DF, donde el tuvo un accidente. Lo atropelló el tranvía y estuvo en el hospital durante un año.

Él estaba caminando en la capital con su hermana hacia la estación de radio, él iba a cantar, ella iba a tocar el piano, cuando el tranvía lo atropelló. Estuvo un año en el hospital y ese tiempo allí le cambió su vida. Por un médico, cuyo nombre se me olvida, porque él salió del hospital y quiso ser médico. De ahí a los 15 años mi abuelo encontró trabajo en la aduana de Nuevo Laredo, y a los tres años ya acabó la preparatoria, y se fue a estudiar medicina a Monterrey. Mi mamá es del DF, y a los 4 años sus papás, mis abuelos, ya se mudaron a Nuevo Laredo.

Entonces te criaste cruzando de un lado al otro de la frontera.

Claro. Todos los días yo cruzaba para ir a cenar a la casa de los abuelos. Cenar allí, comer allá, cruzabas el puente, era así de fácil, porque en ese entonces eran dos pueblos. Ahorita es una cosa enorme, después de NAFTA, después del 11 de setiembre, todo ha dividido las dos orillas y se han formado dos países, pero en la secundaria, a la hora de la comida que son 45 minutos, pues ibas, tomabas unas margaritas del lado mexicano y te regresabas. Era una libertad padrísima.

Tus padres te hicieron un gran regalo, porque tienes un español perfecto.

Es que en mi casa no nos dejaban hablar otra cosa. Cuando mi hermano mayor empezó a hablarle en inglés le dijo, “No te entiendo”, porque sabía que íbamos a aprender a hablar inglés de todas maneras.  Y lo que pasa también en la frontera, es que toda mi familia, mis abuelos, mis primos, todos estaban del lado de Nuevo Laredo. Pero mi papá en los finales de los 60 se cambió, cambió su práctica a Texas, pero vivía todavía en Nuevo Laredo, porque era la época en que cruzabas el puente como si nada...

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