Las confesiones de José María Yazpik

Platicamos con en actor sobre cine nacional, política y su rebeldía
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Fotografías de Anairam  -  (Foto: Fotografías de Anairam)

¿Qué determina que seamos “atractivos” para las mujeres? ¿Cuáles son las normas existentes? Pongamos de ejemplo a un tipo como José María Yazpik. No tiene los rasgos perfectos, no respeta ideas estéticas establecidas y no se vende como “atractivo”, pero provoca en ellas más de lo imaginado.

Lo sabíamos, pero lo comprobamos el día de la cita en un foro de la Roma Norte, cuando su simple llegada despertó la fiebre de no menos de una docena de mujeres de todas las edades, que al descubrirlo se acercaron a pedirle selfies y besos. Después de prestarse amablemente a este ejercicio que podría elevar el ego de muchos —aunque, en realidad, cohíbe al actor de Las oscuras primaveras (2015)—, se entregó a una maratónica sesión de fotos.

Entre cada cambio de ropa, nos platicó sobre sus próximos estrenos —Mr. Pig, bajo la dirección de Diego Luna; y El jesuita, del realizador Alfonso Pineda Ulloa—, Hollywood, la política, la falta de apoyo al cine local y su adolescencia rebelde.

El cine mexicano, o, mejor dicho, el gran momento de los mexicanos en Hollywood, ¿es un tema de conversación para ti?

Sí, porque ése no es cine mexicano, son mexicanos que tuvieron que salir del país porque aquí no existe el apoyo necesario para tener una carrera exitosa a nivel internacional. Claro que hace unos meses, cuando se entregaron los Oscares, me dio mucho gusto por el Negro y el Chivo. Es gente muy talentosa. Digo, no es que hayan conquistado Hollywood porque nadie conquista Hollywood: supieron adaptarse muy bien y rápidamente a lo que Hollywood requiere para que te den este tipo de reconocimientos.

¿Y a ti te interesa triunfar en Hollywood?

No. O más bien, me gustaría trabajar en Estados Unidos, pero no necesariamente en Hollywood. He hecho películas de Disney, con presupuestos gigantescos, y filmes chiquitos independientes. No es que no me interese, pero luego la gente pone a Hollywood como un objetivo.

Y no es una meta: nomás es una opción que está ahí, como lo es trabajar en Argentina, España o donde sea... Tengo un agente que me manda cosas de Estados Unidos: si me interesa el casting, lo hago. Pero, generalmente, no los hago porque, ahorita, en México, hay proyectos más interesantes que hacerla de narcopayaso allá. Maquilarle a los gringos no me parece atractivo.

¿Qué pasa con el apoyo al cine local? ¿Existe o en qué se falla?

Pues hay un panorama nuevo, siempre hay directores nuevos con ideas frescas. Historias nuevas. Pero en México, el dinero no es el problema. El problema es la exhibición, las salas de cine. Como sus dueños ven esto como un negocio, no apoyan el cine nacional. Si ven que una película tiene probabilidades de ser un éxito comercial la apoyan mucho más.

Según ellos, ya tienen todo estudiado: “Si es cine de autor, no lo va a ver nadie. Entonces ni siquiera lo apoyamos o lo metemos a las 10 de la mañana, a unas pinches salas a las que no va nadie”. Así piensan. Y a las películas mexicanas no las apoyan. Y luego se dan sus bañitos de gracia. De “¡Ah! ¡El mes patrio!” Y deciden poner cuatro películas mexicanas y ya. Mientras no se legisle eso no podemos competir contra las cintas de Estados Unidos.

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Platícanos de Cuerdas, la comedia negra que presentas en el Teatro IMSS del DF.

Con esta pieza, Bárbara Coleo ganó el Premio Nacional de Dramaturgia. Es una reflexión sobre la paternidad desde el punto de vista de los hijos. Cómo a veces juzgamos a nuestros padres sin tener todos los elementos para hacerlo.  

Tienes una hija de cinco años. ¿Cómo te impacta la obra en este momento de tu vida?

Generalmente, las obras de teatro que decido hacer tienen que ver con una etapa que estoy viviendo en mi vida. O con algo que he vivido, en especial para poder reflexionar sobre ciertas cuestiones, o exorcizar cosas que quiero sacar de ahí adentro. Recuerdo que la última obra de teatro que hice tenía que ver con la imposibilidad de establecer una relación sana tanto con los padres como con la pareja.

Desde que me convertí en padre de Leonor tengo este temor de no hacer las cosas bien. Sé que es imposible no regarla, y que al final todo va a estar bien, pero, el ser padre, también me ha acercado a mis padres. Los entiendo mucho mejor ahora. Y me doy cuenta de lo mal que me he portado muchas  veces. De lo poco que los he llegado a entender en muchas ocasiones. Ellos viven, y están felizmente casados. Y tenemos una relación muy bonita. Pero, hace 20 o 30 años fui un hijo de puta. Hice cosas muy malas... Creo que finalmente fui un buen hijo, pero no ejemplar: me porté mal, travesuras y demás.

¿Pues qué hiciste para sentirte así?

Ya sabes, las cosas que hacemos los adolescentes a veces, desde robarles dinero hasta desaparecerme de la casa. Me fui como tres veces por no querer obedecer. Fui un hijo rebelde.

¿Buscabas resolver algo con esta obra?

Pues sí: es inevitable que conforme haces el análisis de texto y te imaginas a los personajes, éstos te lleven a tu propia experiencia. Y una vez que sucede, se empiezan abrir puertas que llevaban cerradas mucho tiempo y puedes trabajar cuestiones que pensabas que ya habías olvidado o que pensabas que estaban o sanadas o resueltas. Todo esto se vuelve un ejercicio muy sabroso de reconciliación con uno mismo y con la gente que nos rodea.

¿Hiciste terapia alguna vez?

Muy poco... Para mí, el teatro es mi psicoanálisis.

Más allá del teatro, me imagino esperas el estreno de El jesuita, donde compartes cartel con Tim Roth. ¿Qué nos puedes contar?

Para El jesuita falta un poco más. Quieren volver a filmar un par de secuencias. Y Mr Pig sí se estrenará este año. También tengo proyectos en mi productora, Tintorera: un programa de TV, una película y acabamos de terminar un documental.

¿Te gusta la política?

Sí, mucho. Los políticos son los que me parecen unos hijos de puta. Pero ¿para qué ponerles calificativos? Basta con salir a la calle para ver qué es lo que han hecho con este país durante años. No son sólo los de ahorita. Tampoco quiero generalizar, porque sí conozco a un par de políticos honrados y que quieren hacer cosas buenas. Pero son uno entre 100... Me gustaría hacer algo en política, pero seguro que el sistema me borraría.

Se te ve cómodo con la ropa y los cambios. ¿Cuál es tu relación actual con la moda?

Tengo 40 playeras, todas negras, y cinco jeans de la misma marca que me compro cada vez que voy de compras. Una vez al año compro todo igual para no perder tiempo en las mañanas y ver qué chingados me voy a poner. Camino mucho, hago ejercicio... O sea: me interesa la ropa cómoda. Claro que me gustan las chamarras, los lentes de sol, los buenos relojes. Y gracias a mi profesión, he entablado una buena relación con marcas como la manufactura suiza IWC o Ermenegildo Zegna: el corte de sus trajes y camisas me gusta mucho.

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