Hablamos con el amo de Netflix

Reed Hastings ha transformado la manera de ver televisión: bienvenidos a la era Netflix
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Foto de Gunther Sahagún (Instagram: @gunthersahagun)  -  (Foto: Foto de Gunther Sahagún (Instagram: @gunthersahagun))

Más de 60 millones de suscriptores. 
5.5 mil millones de dólares en ingresos.
40 países a sus pies. 

Hace 18 años, Reed caminó un par de cuadras de su casa al Blockbuster para devolver el DVD de Apollo 13. Al momento de pagar, se enfrentó con un recargo de 40 dólares por retrasarse en la entrega de la cinta. Este excesivo cobro cambió la historia de la televisión para siempre.

La anécdota parece broma cuando Hastings la cuenta: "Me tardé un par de días en devolverla porque fue una película que pasó sin pena ni gloria en mi crítica. Todo bien con Tom Hanks, pero no me enganchó y la dejé en el buró hasta que me di cuenta que había que devolverla. La multa no me causó nada de gracia", recuerda.

A distancia, la molestia es comprensible: los 40 dólares afectaban la economía de Reed, un profesor de matemáticas y programador de software cansado de no contar con un servicio de renta que le permitiera elegir el momento y la situación ideal para ver una película sin pagar cuentas altísimas. Era un tema recurrente en su vida diaria: esperaba el día en que una simple llamada —transformada ahora en un simple clic— le permitiera organizar su tiempo de ocio sin tener que vaciar sus bolsillos ante las reglas de los monopolios que dominaban los hobbies audiovisuales de millones de personas.

Casi dos décadas después, las cuentas parecen ser a favor de este hombre: gracias a Netflix, el servicio de streaming audiovisual más grande del mundo, creado por Reed Hastings, los 40 billetes verdes perdidos se transformaron en 33 mil millones de dólares —el valor de la marca en 2015—. La empresa inició como una tienda virtual de entrega de películas a domicilio, siempre con el objetivo de evitarle al usuario las excesivas multas, pero fue ignorado desde el inicio. De hecho, Netflix ofreció sus acciones a Blockbuster en 2000 a cambio de 50 millones de dólares, pero a este último no le interesó.

Hoy, en gran parte de Europa, así como en México y Latinoamérica, los locales de renta de películas han cerrado para darle paso al imperio de Hastings que, con 60 millones de suscriptores en el mundo y un agresivo plan para entrar en el mercado asiático, ha transformado conceptos clave como audiencia y televisión. Y, de paso, le ha regresado el poder de decisión al espectador. Platicamos con el profesor de matemáticas que resolvió la gran ecuación del entretenimiento.

Cuarenta dólares significaron la transición a una nueva era. Parece que le debes mucho a Tom Hanks.

Al día de hoy, me gustaría que me los devolvieran. Si te soy sincero, aún me siento estafado por rentar Apollo 13.

¿Cuál es tu primer recuerdo emocional de la televisión?

Lo tengo muy claro. Es con mi hermana viendo dibujos animados, acostados en la cama, la mañana de un sábado, aprovechando al máximo ese momento cuando nos daban permiso para verla. Son mis primeros grandes recuerdos, te hablo más o menos de 1965.

Parece que ese tipo de experiencias alrededor de la televisión han desaparecido, ¿te sientes culpable?

Los niños de ahora, a los dos años de edad, ya saben usar una tablet. Le pican, experimentan y terminan por encontrar la app de Netflix. Tienen un sentido de control que nosotros nunca tuvimos: pueden ver el menú y siempre están listos para utilizar su criterio a la hora de elegir. Para nosotros, en cambio, sólo transmitían caricaturas en las mañanas de los sábados, pero, ahora, los dibujos animados están disponibles todo el tiempo. Quizá haya quedado atrás la era de los niños viendo televisión juntos y cosas por el estilo, pero se están creando nuevas experiencias emocionales alrededor de un simple hecho: poder decidir qué ver. En 20 años podríamos preguntarles cuál es su primer recuerdo emocional en torno a una tablet.

¿Qué programa de televisión cambió tu vida como espectador?

Diría que fue El hombre nuclear. Esta serie me impactó, en gran medida, por el trabajo de Lee Majors —el protagonista— y su ojo biónico. La idea de que un humano común y corriente pudiera tener superpoderes siempre me pareció fascinante y determinante.

¿Cuáles son hoy las bases del entretenimiento?

La gente disfruta de grandes historias, por eso las películas de hace 50 años todavía se disfrutan hoy. Si se realiza un buen trabajo, la historia durará mucho tiempo. La base sigue siendo esta necesidad de contar historias y de que exista alguien que quiera escucharlas.

Entonces la revolución es en el soporte tecnológico, pero el contenido sigue estando ligado a la estructura de los mitos...

Creo que apenas estamos en el comienzo de la revolución de internet. No creo que tengamos certezas de hasta dónde o cómo se llegará, pero tenemos la certidumbre de que el soporte tecnológico cada vez nos facilita más llegar hasta el contenido —actual o histórico— en el momento que deseemos a través de cualquier dispositivo.

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A largo plazo, ¿Netflix dependerá sólo del desarrollo tecnológico?

Claro. Internet está cada vez más cerca de todos. Cuando el automóvil llegó, hubo división: primero, sólo la gente rica tenía acceso; después, la clase media se abrió paso. Y lo mismo sucede con internet: se inició con la gente rica, luego se extendió y ahora estamos en camino para que todos tengan acceso y lo entiendan. Internet estará disponible para todos los seres humanos del mundo en los próximos 20 años y queremos estar ahí, listos para tal momento.

¿Cómo defines la relación entre internet y entretenimiento?

Es el mismo tipo de relación que existe entre la gasolina y el auto: el modelo puede ser austero, viejo o divertido, pero necesita gasolina para llegar hasta donde quieres. El entretenimiento puede ser austero, viejo o divertido, pero, hoy en día, necesita internet para llegar a todos. Ésa es la energía que está moviendo los contenidos.

Ahora la gente puede decidir cuándo ver el espectáculo. ¿Qué consecuencias trae otorgarles este poder?

Al final, el espectador es el más beneficiado. Nadie quiere volver a esos tiempos cuando había que estar sentado frente a la televisión a las nueve de la noche para ver tu programa favorito. Eso es el horario de alguien más. Ahora, cada quien tiene su agenda y tiene muy claro qué quiere ver y cuando lo quiere hacer. Ese poder es mucho más conveniente. Es un beneficio más parecido al de un DVD. Esto lo pudimos percibir hace tiempo porque empezamos distribuyendo y rentado DVD. Así aprendimos sobre patrones de consumo.

El cine ha sufrido un golpe duro con el alto nivel técnico y narrativo que ahora tienen las series de televisión. ¿Es así?

El cine sigue siendo muy fuerte también, continúa en crecimiento, pero creo que la televisión crece porque es extensible. Puedes tener una relación más larga y dependiente con la televisión.

¿Qué significa House of Cards para Netflix? ¿Qué significa en tu legado al frente de la compañía?

Es una gran serie, maravillosa, pero sabemos que contamos con grandes títulos, así que lo disfrutamos como uno más de nuestro catálogo. No queremos ser sólo los creadores de House of Cards: tenemos diferentes series y nos esforzamos para que cada una ocupe su lugar con el espectador. Cierto, House of Cards ha marcado un parámetro en la industria porque es fantástica. La serie original de la BBC era bastante buena, pero la nuestra, con Kevin Spacey, es increíble. Básicamente, es un Ricardo III de Shakespeare, tan oscuro que crea dualidades en el espectador: a veces lo amas y a veces lo odias.

La cuestión física en el entretenimiento está muy ligada a la posesión y al amor por el objeto: la caja de un disco, la foto de una portada, las ilustraciones... ¿Hemos cambiado el romanticismo por la velocidad y el acceso?

Por supuesto, ya lo perdimos, al igual que el amor y la pasión por el caballo. Me refiero a que, hace cinco mil años, todos crecían con caballos, los cuidaban y eran esenciales en su día a día. El automóvil llegó y se perdió todo eso. Hoy, un caballo es una mascota de los ricos. Los objetos del mundo del entretenimiento son románticos, pero, al final, nosotros, los humanos, escogemos lo más eficaz. Lo romántico nunca fue la gran apuesta, nunca lo ha sido para transformar la historia.

En este reino de las cosas intangibles, ¿qué certeza hay de que Netflix estará ahí por siempre y no será un caballo moderno?

Netflix no busca ser una cosa tangible, sino algo que puedes amar. Puedes amar algo como la libertad, o quizá la risa, pero también algo como Netflix. Ése es el punto de partida de mi certeza de que Netflix estará aquí durante mucho tiempo. En sólo tres años, en Latinoamérica, por ejemplo, tenemos más de siete millones de suscriptores. Ahora vamos a Japón para seguir creciendo.

Para crear tu primera base de subscriptores fuera de Estados Unidos apostaste por Latinoamérica. ¿Qué te atrajo de aquí?

Todos los continentes son importantes. Europa era muy importante en la planificación y hoy nuestra apuesta es integrar a Asia, pero la razón por la que empezamos en Latinoamérica es muy sencilla: crecí en California, junto a mexicanos, colombianos y argentinos. Aprendí de su cultura desde pequeño y era muy natural integrarme a ellos, así que al final fue como una extensión de la casa. Me resultaba muy sencillo imaginarme cómo querían consumir su tiempo de ocio.

¿Tienes alguna idea del espectador mexicano?

La gente disfruta de las mismas historias en todas partes del mundo. Probablemente hay un poco más de interés familiar o de grupo en México, más como una tradición, pero al final todo puede ser individualizado. No tenemos una amplia caracterización por países.

¿Qué implica la piratería para Netflix?

La piratería es toda esa gente en línea, viendo los contenidos sin pagar y conscientes del robo de derechos de autor. Es parte de la realidad y no hay nada que hacer al respecto, más que lograr que Netflix sea una mejor experiencia para que la gente nos elija al llegar a casa, en lugar de Cuevana. La diferencia es el poder y la calidad. 

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