Trino, el ingenio tras la pluma

Hablamos largo y tendido con el dibujante tapatío sobre su concepto del humor
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Cortesía de Trino (www.trino.com.mx)  -  (Foto: Cortesía de Trino (www.trino.com.mx))

Hablar de una pluma afilada se queda corto para definir a José Trinidad Camacho, más conocido como Trino. Este dibujante de Guadalajara lleva años riéndose de todo y de todos, pues sus blancos se extienden desde la política a lo más cotidiano. El autor de tiras tan emblemáticas como El Santos platica abiertamente con Life and Style sobre los temas más diversos para acabar ofreciéndonos su poliédrica visión de lo que es el humor a través de su experiencia vital.

¿Qué es lo que te tiene ocupado últimamente?

Justo ahora estamos terminando la portada del nuevo libro que vamos a presentar en la FIL de Guadalajara. Se llama El regreso el rey chiquito y es una recopilación de contenido totalmente nuevo.

¿Es nuestro deber reírnos de lo que nos rodea, como los políticos? 

Más que reírnos de ellos sea nuestro deber, me doy cuenta de que son los propios políticos los que dan pie a que lo hagamos. Yo no soy cartonista político y me divierte infinitamente más tratar temas de la vida cotidiana: la pareja, el amor, el desamor, las drogas, el sexo y cosas así. La política me da flojera, pero al estar en todas partes acaba transpirando en la sociedad.

¿Es por eso que el mexicano tiene un sentido del humor privilegiado?

Nosotros tenemos un sentido del humor increíble que consigue mantenernos con la esperanza intacta. No me imagino a un mexicano que no pueda burlarse de la Casa Blanca o incluso de su propio divorcio. Es por eso que siempre estamos muy al pendiente de todas las pifias que los políticos hacen.

Pese a eso, creo que la situación no es no es tan divertida como lo era con ese personaje tan bucólico, campesino y chistoso que era Vicente Fox. Ahora resulta indignante que la violencia y la corrupción sean tan visibles. Se ha perdido toda la sutilidad y encanto del PRI de antaño –que yo odiaba con toda mi alma– para convertirse todo en un contubernio de mafias y empresas horribles. Yo no sé a qué esperamos para legalizar todas las drogas...

¿Todas?

Todas, todas, todas. No sólo la marihuana. Es la única forma para que se acabe esta maraña. Deberíamos liberarlo todo para que ese dinero se gaste en mejorar los servicios de salud, crear empleos o pagar buenos salarios a los policías. Te aseguro que ya no habría ningún problema con el consumo y tráfico.

Tampoco entiendo cómo no estamos haciendo algo para correr a diputados que no sirven para nada. Creo que como país estamos demasiado cansados e inmóviles. Esto tiene que cambiar cuanto antes. 

¿Has conseguido enojar a alguien con tus dibujos? 

Normalmente no lo consigo tanto. Aunque siempre me sucede algo raro con los cartones deportivos. En este país si hablas mal de un entrenador o un equipo de futbol, automáticamente surgen una horda de personajes que te mentan la madre. A mí me dan mucha risa.

Por otro lado, cuando hablas de política te encuentras con estos "peñabots" que defienden al presidente pero son inofensivos. Los políticos son tan cínicos que les puedes llamar ladrones –excepto en Veracruz– y te piden el original para colgarlo en su despacho. Parece que lo único que quieren es que se hable de ellos. Los que sí me dan miedo son las fanáticos. Sigo creyendo esa máxima que tenemos los cartonistas mexicanos que dice que no te rías del ejército, la bandera o la religión. 

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¿Y tratas de ser sutil cuando te ríes de ellos?

Definitivamente, trato de reírme pero ocultándolo en mis Fábulas de Policías y Ladrones, intento no ser un cartonista enojado. Un cartonista político que está enojado se vuelve serio y trascendental. Por mi parte, yo no quiero ser el ejemplo de nada, ni para la juventud, ni para los adultos, ni para nadie. Soy alguien muy open minded al que le gusta el alcohol y la fiesta. Lo que me importa es que este país sea primermundista y piense en el bien común y no en cómo joder al vecino.

Pero quizás tu mentalidad abierta se filtra a través de los cartones y puede cambiar algo...

Puede, puede... Aunque ningún caricaturista ha tumbado ningún presidente. Mi trabajo consta en divertirme haciendo lo que hago y divertir al que me lea. Soy el reflejo de lo que muchos piensan. Nunca he pretendido ser el estandarte de nadie, sencillamente un librepensador con el que puedes coincidir en ciertas ideas tomando como punto de unión el humor. 

¿Y no crees que a través del humor puedes hablar más libremente sobre ciertos temas?

Uno se da cuenta de que tiene la capacidad de ser una especie de antena de lo que muchos piensan o escriben en Twitter. Yo recibo muchos mails y tuits, tanto positivos como negativos. Lo tomo mucho en cuenta. Con el humor toco las fibras de todos. Se pueden enfadar los judíos, las mujeres, los libaneses, los gays... Pero no voy contra ellos.

Cuando veo a uno de mis humoristas favoritos, Louis CK, me doy cuenta de que no me paso tanto. Él transgrede y me identifico con ello pero aquí puedes llegar a ofender a alguien que tiene una escopeta. Hay una parte en que no quiero ofender a diestra y siniestra, estoy contento con llevar la vida en paz y reírme de todo. 

Además, trato de no perder nunca el humor, pase lo que pase. Hace poco me intentaron secuestrar y huí corriendo utilizando una de las artimañas más baratas del mundo. Me hice el desmayado y aproveché para escapar corriendo por el campo. Aún así, no iban a por mí ni por mis ideas. Le podría haber pasado a cualquiera, al carnicero, al peluquero...

Después de eso me dieron ganas de trasladarme a Barcelona con mi mujer, pero cambié de opinión. Hay que echarle valor a la vida pues aquí es donde vivo y donde estoy. No me van a ganar con el miedo esos cabrones.

¿Nos podrías dar algunas recomendaciones para el profano del cómic patrio?

El primero y el más obvio es mi amigo Jis. Creo que es un adelantado a su tiempo y la gente va a comenzar a entender sus cartones en el año 2930. 

Respecto a mis influencias de siempre, han sido Rius con Los Supermachos y Los Agachados, las tiras maravillosas de Gabriel Quesada, Los Supersabios de Germán Butze Rolando el Rabioso de Gaspar Bolaños. Aunque me fascina también lo que hacen últimamente los chavos en el cómic mexicano, gente como el genial Bef con una novela gráfica que trasciende de forma europea.

Por último, ¿cómo te ves dentro de unos años?

Mi objetivo es llegar a ser un viejito de 86 años sin párkinson para poder seguir dibujando monos hasta que me muera. Quiero ser tan productivo como lo es ahora Paul McCartney, quien siendo mayor sigue dando conciertos aquí y allá. Llegar a esa edad y tenerlo todo resuelto para seguir con lo mío me parecería algo increíble.

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