Entrevista con los directores nominados 2: The Revenant

Alejandro G. Iñárritu nos habla sobre el rodaje que podría otorgarle su segundo Oscar consecutivo
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Getty Images  -  (Foto: Getty Images)

Su nominación como Mejor director, la tercera de su carrera y la segunda consecutiva tras llevarse el galardón con Birdman, lo pone más cerca de una hazaña: la de convertirse en el tercer director en la historia del cine que ha ganado dos Oscar consecutivos en esa categoría. Si lo logra, acompañará en el podio a John Ford, que ganó por Viacrucis, en 1941, y ¡Qué verde era mi valle!, en 1942, y Joseph L. Mankiewicz, que en 1950 se llevó la estatuilla dorada por Carta a tres esposas y repitió al año siguiente con La malvada. También sería la tercera vez consecutiva en que esa categoría la gana un mexicano, un récord absoluto, por lo que seguramente llegará al Dolby con mucha presión sobre sus espaldas... La era de Alejandro está aquí.

¿Es cierto que The Revenant fue el rodaje más complicado de toda tu carrera?

Así es. La odisea de rodar esta película nos convirtió en los cazadores, en circunstancias tan complicadas como las de estos personajes. Fue un gran esfuerzo en todos los departamentos técnicos, pero tuve la suerte de contar con actores asombrosos. Creo que ésta ha sido mi mejor experiencia con gente como Tom Hardy, Leo DiCaprio, Will Poulter y Domnhall Gleeson, que mostraron cómo sentían y pensaban estos personajes, muchas veces, sin decir ni una palabra. Fisicamente, fue una experiencia agotadora que puso a prueba mi resistencia, pero, por otro lado, para mí fue la experiencia más vasta y más profunda que he tenido en mi vida. El hecho de haber decidido filmarla en forma cronológica nos permitió tomar las decisiones correctas de acuerdo a lo que nos proponía el clima. Fuimos dándole forma sobre la marcha. En cierto momento fue la historia misma la que tomó las riendas y nosotros simplemente tratamos de tener una actitud abierta. En cierta forma, esta película es arte vivo, es como un organismo ante el que simplemente estábamos subordinados.

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¿Cuál fue la escena más complicada de rodar?

Honestamente, cada escena fue complicada, pero hubo algunas, como las de la batalla en las que había 200 personas, que fueron aún más difíciles porque hubo que coreografiarlas durante meses, sobre todo, porque la intención fue filmarlas en una sola toma y para eso fue como crear una masiva obra de teatro en la que cada persona que participa cuenta. Las filmamos con lentes de 40 mm que son muy anchas y te permiten ver todo lo que te rodea, pero además, si hay 200 personas delante de la cámara, hay otras 200 que están detrás y tienen que esconderse. Fue como hacer una representación en vivo que duraba meses. Pero, además, decidimos filmarla con luz natural, por la belleza y la revelación que trae ese tipo de iluminación, pero el problema es que el lugar en el que estábamos rodando estaba a dos horas del hotel. Teníamos una ventana de una hora, una hora y media, para rodar, y, en algunos casos, eso se reducía a dos o tres tomas de una sola escena. Que fuera así todos los días se volvió un poco intolerable, aún cuando contábamos con la posibilidad de ensayar, y todos en el elenco y el equipo técnico sabían lo que iba a pasar. No había sorpresas ni posibilidad de improvisar porque todo funcionaba como un mecanismo de relojería. Había que dar tres pasos, la cámara hacía un paneo, tal actor aparecía allí mirando de tal manera, gritaba, los caballos corrían y se terminaba la toma. Luego, tenías que filmar cómo mataban a tal personaje, cómo la sangre brotaba de su pecho y luego corten otra vez. Pero para filmar todo eso tenías una hora y media y sólo podías hacer tres tomas. Lo bueno de filmar así es que los actores sentían que estaban viviendo en carne propia lo que filmaban. Pero, por otro lado, todos sabían lo que tenían que saber y eran muy conscientes de que si se equivocaban, iban a arruinarlo y así trabajábamos.

¿Hubo alguna película que te sirvió de inspiración para crear este universo?

Muchas. Cuando uno ve y admira a los maestros, no hay nada más que hacer que aprender de ellos. Cuando uno le apunta al cielo probablemente le pegue a la Luna. Pero si le apuntas a la Luna probablemente le pegues a un árbol, pero uno siempre intenta ir lo más alto que pueda aunque las cosas no le salgan. Hay una película de Akira Kurosawa, Dersu Uzala, que es muy poética y muy hermosa. Otro de mis filmes favoritos es Andrei Rublev, de Tarkovsky. Él es uno de mis directores preferidos y me encantaría poder imitarle, aunque nunca voy a ser capaz de hacer algo similar a lo que él hacía porque era un verdadero genio. A mí me interesaba capturar la ambición panoramica de ciertos filmes que he visto, que tenían una gran conexión con la vida y con la naturaleza, que te muestran que somos solamente organismos en un mar de organismos como lo es el planeta Tierra, y a la vez tienen momentos emotivos absolutamente épicos, como Fitzcarraldo, de Werner Herzog, o Apocalypse Now, de Coppola. Podría decir que esas películas fueron mi guía. Otra gran influencia fueron los cuentos de Jack London y Joseph Conrad, particularmente aquellos en los que aparece un hombre luchando contra la fuerza masiva de la naturaleza, textos que siempre disfruté mucho de leer. Hay un libro que recomiendo que se llama Aquí yace Hugo Glass: un hombre de montaña, un oso y el nacimiento de una nación, de Jon T. Coleman, en donde se toma el trabajo de analizar a Estados Unidos en aquella época, y que fue una gran inspiración para mí para pensar lo que queríamos lograr en el resultado final del filme.

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