El exitoso estudio de arquitectura que odia las jerarquías

Snøhetta es el mejor ejemplo de responsabilidad ambiental, alta tecnología y gran diseño
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Cortesía Snøhetta  -  (Foto: Cortesía Snøhetta)

La carretera que rodea el fiordo de Oslo es la entrada a una ciudad que, en verano, combina lo mejor del ambiente costero europeo con la pulcritud propia del urbanismo nórdico. Bienvenidos a la mejor versión que existe del porvenir. Un futuro liderado por profesionales del diseño, el paisajismo y la arquitectura fieles a un decálogo propio que incluye conceptos como equidad, colectividad, interdisciplina, sustentabilidad, multiculturalidad, respeto por el contexto histórico y ambiental, artesanía y desarrollo tecnológico. Todas estas ideas conforman la personalidad nórdica cuando hablamos de arquitectura, y el despacho noruego Snøhetta es, sin lugar a dudas, el que mejor las representa con sus monumentales proyectos esparcidos por todo el planeta. Ésta es la historia de los reyes de la forma. 

 

Sede de Snøhetta Oslo

ALEJANDRÍA: EL GRAN ORIGEN

En 1987, los jóvenes paisajistas Inge Dahlman, Berit Hartveit, Johan Østengen y Alf Haukeland contactaron a los también recién egresados arquitectos Øyvind Mo y Kjetil Trædal Thorsen, con la idea de fundar un estudio colaborativo, pero no sería hasta principios de 1989 cuando su idea se materializaría. Aquel año, el noruego Kjetil Thorsen inició pláticas con su compañero alemán establecido en Los Ángeles, Craig Dykers, para participar junto a un tercer amigo, el austríaco, también establecido en L.A. Christoph Kapeller, en el ambicioso concurso convocado a nivel internacional para diseñar la nueva Biblioteca de Alejandría —la Bibliotheca Alexandrina— en Egipto; al equipo final se sumarían también el artista noruego Jorunn Sannes y la historiadora del arte Cordula Mohr. Todos juntos lograron ganar el concurso y aquel hito que se convirtió de forma inmediata en el mito fundacional de Snøhetta.      

"Ganar entonces fue algo muy importante para situarnos desde el primer momento en el mapa internacional", nos cuenta Tonje V. Frydenlund, actual directora ejecutiva de Snøhetta Oslo, durante nuestra visita a la sede noruega de la compañía, una gran nave situada a la orilla del fiordo. "Fue un logro que permitió que el proyecto pudiera avanzar con la confianza necesaria para llegar a donde estamos ahora sin alterar nuestros principios —sigue Tonje—. Una década más tarde pasó algo parecido cuando ganamos el concurso para diseñar la Ópera de Oslo, y en 2005 otra vez cuando logramos ser los encargados del pabellón del National September 11 Memorial Museum en Nueva York", comenta.

Ópera de Oslo

Aquel proyecto fue la oportunidad perfecta para que los noruegos abrieran una segunda sede en Nueva York, desde donde abordan los proyectos que les surgen en todo el continente americano. Si sumamos ambas sedes, Snøhetta cuenta hoy con más de 160 empleados de 28 nacionalidades distintas y está implicado en más de 80 proyectos en los cinco continentes

"Para nosotros es muy importante tener la capacidad de reclutar a profesionales de todo el mundo para que enriquezcan nuestro trabajo", reflexiona Tonje. "El idioma que usamos en la oficina principalmente es el inglés, aunque todos nuestros compañeros de otros lugares tienen acceso a cursos de noruego. En cuanto a las edades, aquí hay desde becarios veinteañeros hasta experimentados arquitectos de 65 años, e intentamos mantener un balance del 50-50 entre hombres y mujeres. Creemos firmemente en que la diversidad y la capacidad de nutrirse de las experiencias del resto es uno de los principios más valiosos que tenemos". Y, la verdad sea dicha, la calidad de sus obras hace difícil rebatirles esa idea.

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DETRÁS DE LA GENIALIDAD

Visitar la sede de Snøhetta es descubrir que tras los increíbles proyectos arquitectónicos de la firma se encuentra un grupo de personas con una forma de trabajar muy particular. Y no estamos hablando del uso de impresoras 3D, cortadoras láser o un robot programable, que hacen de los prototipos del despacho la mejor fusión de las técnicas manuales y el diseño digital, sino del funcionamiento humano de la empresa. 

"Como ves, no hay una sola oficina cerrada por aquí, sólo esas salas de juntas en la parte superior. Todos estamos sentados en las mismas mesas, al mismo nivel, mezclados totalmente, sin jerarquía visible", explica Tonje. "Además, cada segundo año nos cambiamos de lugar para irnos conociendo y sentarnos junto a otras personas. Esta mesa en la que estamos sentados es donde comemos juntos cada día y la oficina se usa para celebrar fiestas de Navidad, de verano e, incluso, bodas de algunos de los arquitectos".

Sede de Snøhetta Oslo

Pero, ¿cuál es la razón de toda esta organización? Una vez más, la colectividad. La firme creencia de que todos los miembros del equipo son igual de valiosos, que no hay estrellas y que las opiniones de todos, sin importar cargo o edad, cuentan igual. "Intentamos alimentar el feedback, que fluyan las ideas, que podamos seguir lo que hacen nuestros compañeros, en qué proyectos andan e inspirarnos entre nosotros", continúa su explicación Tonje. "Nuestro método de trabajo se basa en la transposición, es decir, en ser capaces de ponernos en la piel de otros especialistas, en no cerrarnos y defender nuestra postura, sino alimentarnos de las provenientes de otros campos".

De hecho, si retrocedemos un poco en el tiempo, veremos que la transposición es una idea presente en Snøhetta desde el principio, ya que el despacho nace de la unión de paisajistas, arquitectos y artistas que trabajan en conjunto para lograr el objetivo de ganar un concurso. Por eso no sorprende que la firma se defina como un proyecto en sí misma, un estudio multidisciplinario especializado en arquitectura, paisajismo, interiorismo y diseño por igual. Y, es por eso también, que cobra sentido el hecho de que el nombre de la compañía no tenga relación alguna con los nombres de los dos directores, Kjetil Trædal Thorsen (Oslo) y Craig Dykers (Nueva York), sino que se refiera a la montaña más alta de Dovre, un enclave mitológico —se dice que ahí vivían los trolls— que daba nombre al pub de la planta baja del primer edificio donde se encontraban sus oficinas.

"Subimos la montaña Snøhetta cada año y visitamos el Norwegian Wild Reindeer Centre Pavilion, un observatorio de renos salvajes que diseñamos frente a la montaña para fines educativos", señala Tonje, refiriéndose a un ritual que cierra el círculo y conecta a los integrantes actuales del despacho con la historia que les precede.    

Norwegian Wild Reindeer Centre Pavilion

BUSCANDO EL PROYECTO CORRECTO

El enfoque arquitectónico de Snøhetta tiene dos grandes pilares: integrar la construcción en el contexto que la rodea y el ahorro energético.

Todas sus obras, desde la ZEB Pilot House (la casa más sustentable del año según los premios WAN 2015) o el edificio Powerhouse Kjøbo (se calculó la energía empleada en producción, vida y demolición para que en 60 años haya producido más energía de la gastada), hasta la Bibliotheca Alexandrina (en la que la iluminación y la temperatura natural no estropean los libros y cuya fachada muestra todos los alfabetos), la Ópera de Oslo (que parece salir del agua para fundirse con la ciudad) o los impresionantes proyectos en marcha en Arabia Saudí (el King Abdulaziz Centre for World Culture) y México (el Museo de Ciencias Ambientales de la UDG), respetan ese enfoque: el balance entre funcionalidad y estética y la combinación de soluciones sustentables pasivas (low tech) y la más alta tecnología (high tech).

ZEB Pilot House

Por esa razón, Snøhetta no acepta cualquier proyecto: "Nos reunimos con el cliente y nos aseguramos de que compartamos un interés común. Sean grandes o pequeños, lo que nos interesa no es su magnitud ni precio, sino que sean los proyectos correctos", concluye sonriente Tonje.

Bibliotheca Alexandrina

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