La ley Ford

Hay una sola manera de ser exitoso: personificando el éxito. El mundo de la moda presume el mejor ejemplo.

Seamos claros: si alguien sabe de moda es Tom Ford. La moda como fenómeno cultural, como expresión social que determina la forma de vivir y configura la identidad del individuo y que se transforma de la mano de nuevos materiales, texturas, cortes, complementos y de nuevos personajes... de hombres como Tom Ford.

Antes, la moda italiana era el paradigma del "dandi moderno", pero, como decía Coco Chanel: "La moda pasa y el estilo permanece". En los 90, en el mundo de la moda, Ford era casi un desconocido que aterrizaba en un Gucci al pie de la bancarrota, azotado por una gran crisis de identidad y rodeado de escándalos dignos de una película de la mafia italiana -con asesinato pasional incluido-.

El entonces joven Ford, junto con Domenico de Sole, tenía como misión devolver el brillo a una de las grandes casas italianas de los 50 y es así como empieza la andadura del entonces desconocido diseñador. En aquel momento, la casa Gucci contaba con una imagen deteriorada, una enorme red de obsoletas tiendas -que, en su mayoría, eran deficitarias-, cuentas en números rojos y los productos tenían ese aspecto atemporal e insípido que caracteriza a una casa de moda son liquidez y sin un buen departamento de diseño.

 Los grandes activos de Gucci en ese momento eran la red de artesanos, la herencia histórica y un nuevo personaje en escena. Un diseñador con el que la casa de lujo italiana decidió resurgir de sus cenizas. El resultado todos lo conocemos: imagen publicitaria de Absolut Vodka, un asiduo de las alfombras rojas de Hollywood y un habitual de todas las publicaciones internacionales; un diseñador capaz de reconstruir la imagen de una marca en torno a él y sus diseños, posicionando un nuevo concepto en el mundo de la moda: el concepto Tom Ford, clave de la estrategia de posicionamiento de Gucci. Tom no defraudó a tan a expectativa.

Desde un primer momento, decidió cambiar el rumbo de los diseños de Gucci al incorporar color y reconstruir la imagen de la sofisticación, cultivando éxitos principalmente por el cuidado de los cortes, la selección de materiales y un gran sentido estético. En cuatro años, Gucci pasó del déficit a ser una empresa billonaria gracias a la llegada de Ford. Tras el gran éxito conseguido, invirtió en la compra de Yves Saint Laurent, ahora rebautizado como Saint Laurent, y de nuevo la confianza estuvo en Ford que compaginó su trabajo en ambas marcas.

Lamentablemente, el diseñador no logró encajar sus diseños con la filosofía de la casa y pasó sin pena ni gloria al frente de la marca francesa. Después, dejó la casa que apostó todo por él con grandes resultados. Tras su salida de Gucci, desplegó su talento creativo en su propia firma y es en ella donde podemos ver realmente su genialidad. El resultado es el reflejo de la sofisticación y la elegancia contemporánea. Líneas depuradas, colores sobrios en cada temporada que se entremezclan con tonos extravagantes que atraen las miradas, sin caer en lo vulgar. Redefinir la elegancia era el lema.

Si tenemos que hablar del reinventor de la esencia del dandi moderno, es esencial nombrar a Tom Ford. El autor de las chamarras masculinas entalladas con solapas apuntadas con un maxiojal, las colosales cremalleras en los complementos, los perfumes y la cosmética, se ha ganado con nombre propio un espacio en el Olimpo y en la historia de la moda.

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