Tiffani Thiessen, tu primer amor

Los treintañeros no pueden olvidar a Kelly Kapowski en la noventera serie Saved by the Bell
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Fotografías de Michael Edwards  -  (Foto: Fotografías de Michael Edwards)

¿Quién es Tiffani Thiessen? ¿Alguien sabe? Yo no. Sé quién era Kelly Kapowski, el amor platónico de Zack Morris, protagonista de Saved by the Bell, ese talismán nostálgico, atorado en la vergonzosa frontera entre los 80 y los 90, cuando la moda atravesaba su peor momento desde que el hombre se puso un taparrabos. ¿Alguien nacido alrededor de 1980 —quizá cuatro años antes, cuatro después— no recuerda a Kelly? A los ocho años, sometido a dosis eternas de insulsas telenovelas del canal 2, me rebelé frente a la tiranía del culebrón y opté por programas gringos... doblados al español. En una casa sin antena parabólica, ésas eran mis opciones: Hulk el hombre increíble, Camino al cielo o Salvados por la campana —así en español—. Entre un fisicoculturista verde, Michael Landon en plan Jesucristo y los ojos azules de Thiessen, adivinen a quién escogí. Y no me arrepiento.

No me arrepiento a pesar de que no recuerdo una sola trama de Saved by the Bell. Cero. Nada. Zilch. Recuerdo haber querido ser como Zack, el cool de la prepa, rodeado de amigos y chicas hermosas, envuelto en una tras otra peripecia de la que siempre salía indemne. El recuerdo de aquel deseo es difuso, casi anacrónico, tan difícil de explicar como mi necedad de tener una colección completa de tortugas ninja. El recuerdo de Kelly, en cambio, es distinto: lejano, por supuesto, pero mucho más nítido, como el recuerdo del día, hace más de 20 años, cuando intenté conectar la licuadora sin supervisión adulta y la extensión me regaló un toque que se sintió como un rayo.

Kelly ocupa el mismo estante que la primera niña que me gustó en la primaria, una rubia diminuta, calladita, de ojos verdes, con la que todos queríamos en el salón, que era una obsesión compartida y alarmante (al menos para ella). Mis compañeros y yo hablábamos de esa güerita de nuestra clase tal y como Zack hablaba de Kelly: como un proyecto absurdo (jamás nos pelaría), pero, sobre todo, como un imán que, a los ocho años, nos parecía misteriosísimo. 

Como dice Chuck Klosterman en su divertido ensayo Being Zack Morris, donde rescata el peso de Saved by the Bell como pieza angular de la cultura pop cutre de los 90: Kelly, de tan hueco, era un personaje enigmático. Al igual que nuestra compañera, ella no parecía poseer otra característica más allá de su asombroso físico. Porque, en efecto, Thiessen circa 1990 era un prodigio, al que ni la horrorosa moda de la época podía estropear. Hasta que Rachel Green apareció en Central Park, el ideal de belleza en la televisión gringa estuvo fincado al rostro, injustamente tierno, de Kelly Kapowski.

Pero esa belleza era su única virtud. Y dice mucho de nosotros, hombrecitos en ciernes, que sólo hayamos necesitado ese rasgo para entronizarla como nuestro sex symbol. Jessie Spano y Lisa Turtle, sus compañeras en Saved by the Bell, también eran lindas, pero sus personalidades tenían defectos: Jessie se creía más inteligente que todos y Lisa, superior porque tenía más dinero. Por su parte, Kelly no parecía ser inteligente ni boba, ni noble ni mala. Era, simplemente, un refractario donde podíamos colocar las cualidades que nos vinieran en gana. Y no se trataba de un frenesí compartido por 10 escuincles de segundo de primaria, sino por un porcentaje elevado de niños mexicanos de un cierto estrato social. En un panorama televisivo donde había poco para elegir, ¿quién puede criticar mi fijación por Thiessen?

“Kelly nunca fue real”, dice Klosterman hacia el final de su ensayo, y la frase, al leerla, me resulta acertada y triste. Claro que nunca fue real, tanto como la güerita de mi clase jamás llegó a ser una persona (o una posibilidad) redonda para nosotros. Aunque se asemejen a Thiessen —y no conozco a muchas que tengan esa fortuna—, las mujeres reales no son receptáculos yermos, como todos los que estuvimos enamorados de Kelly aprendimos al crecer, al hacernos de nuestra primera novia, al comprometernos, al casarnos y al divorciarnos.

Los años conservan al personaje de Thiessen como la piedra de toque de un momento más ingenuo y menos enredado. A veces lo extraño, cómo no. Ahora, ese deseo parece una especie en extinción, aunque siempre tengamos los capítulos de Saved by the Bell perdidos en algún meandro del horario matutino de canal 4

La Tiffani de Hoy

Lejos de su protagonismo en la década de los 90, la puedes ver en todos los capítulos de la discreta serie White Collar. Pero, si deseas demostrarle tu amor directamente, te recomendamos seguirla en Twitter (@TiffaniThiessen), donde es muy activa.  

 

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