Los secretos del ron cubano

Viajamos a Cuba para comprobar algo que imaginábamos: todo gira alrededor del destilado
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Fotografías Afp - Mario Villagrán  -  (Foto: Fotografías Afp - Mario Villagrán)

Ésta es la historia de una visita de tres días a La Habana, Cuba, con una inseparable anforita, ese pequeño recipiente que sirve de hogar al protagonista de este relato: el ron. Uno pensaría que la música, los puros, la comida o las guapas mujeres de una ciudad que pudo ser, tendrían el rol estelar. Pero no.

El ron hace su primera aparición en el desayuno, remojando el plátano frito. Acto seguido, levanta la mano en la comida, junto a la yuca con mojo que abre camino al lechón asado. Y cierra su actuación en la cena, dándole su lugar al Cohiba, mientras los músicos iluminan cada paladar.  Pero las apariciones no se limitan a lo gastronómico: lo vemos en los museos, en los barcos, entre comidas, en los juegos de beisbol, en las galerías de arte y hasta en esos viejos Cadillacs que funcionan como taxis para recordarnos que estamos en Cuba, por si el malecón no fuera suficiente.

Se llena la anforita. Se vacía la anforita. Parece un juego, pero uno al que todos jugamos sólo cambiando la combinación: añejo blanco para preparar un mojito; un 15 años para acompañar el mejor de los habanos; en medio, un 7 años para el más comunista de los chocolates, envuelto por las manos del Estado castrista que, por supuesto, es el otro de los grandes actores de un filme que parece escribir su capítulo final, sin posibilidad de segundas partes.

Estrellas del ballet que dan clases de física, matemáticos que actúan y manejan un autobús, así como un sinfín de personajes de la Isla encuentran su comunión y punto de encuentro en el ron. Lo mismo que los imitantes de Omara Portuondo y Compay Segundo que, mientras interpretan Orgullecida en la plaza de San Francisco, toman un vaso de unicel con un poquito de ron. 

El pueblo, la aristocracia y el extranjero. El hombre de campo y el que se queja de que no hay internet. Hemingway y Sean Penn. Todos posan con su vasito que representa ese amor por Cuba, ese que nace de la ideología pero echa raíces a través del paladar. Todos viven con y para el ron.

La anforita se vuelve a vaciar. La última de Havana Añejo 7, antes de emigrar, como recordatorio de que, a Cuba, siempre se viene a tomar. 

La ciencia de Havana Club

1. Todo inicia con el corte de la caña, en Santa Cruz del Norte, a una hora de La Habana.

2. Se pone énfasis en la selección de las barricas donde se depositará el ron.


3. La destilería de Havana Club cuenta con la tecnología para producir cerca de 30 mil litros al día y su embotelladora funciona desde 2007. En la misma se realizan catas y maridaje.

4. El bar Floridita es el lugar ideal para cerrar el proceso de Havana Club con un daiquirí.

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