Tragos de autor: la absenta de Edvard Munch

Este licor de hierbas fue ritualmente utilizado por grandes artistas
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Ilustración: Eduardo Ramón  -  (Foto: Ilustración: Eduardo Ramón)

Así como Leonardo da Vinci se obsesionó por la anatomía hasta el punto de diseccionar cuerpos humanos para romper las barreras artísticas y científicas, no fue hasta el siglo XIX cuando se comenzó a analizar conceptos abstractos, como las emociones. Pocos artistas supieron captarlas como el pintor noruego autodefinido como 'diseccionador de almas', Edvard Munch, representante del expresionismo.

Gracias a él, la forma de relacionar una idea con su forma pictórica se redefinió para siempre. La prueba más definitoria de ello son las célebres —y muy robadas— cuatro piezas conocidas bajo el nombre de El grito (1893). La angustia que captaban estos rostros reflejaba la personalidad conflictiva y desequilibrada del hombre tras el pincel.

Munch era innegablemente un bohemio con una vida trágica y, como tal, llenaba y rellenaba su vaso con la denominada 'El Hada Verde', la absenta. Este licor de hierbas, de altísima graduación, fue ritualmente utilizado por artistas de la época, como Paul Gauguin o Arthur Rimbaud, para alcanzar un estado visionario y casi trascendental para inspirarse. Sin embargo, para el escandinavo era más que eso. Era una forma de ahogar etílicamente los fantasmagóricos traumas de su mente. De hecho, en cuadros como Los bebedores de absenta, podemos ver el estado de ensoñación que ansiaba. Pero algunos sentimientos no pueden permanecer enterrados y, como relató, mientras paseaba con dos amigos cerca de Oslo, un fuego y sangre apocalípticos tiñeron el cielo. Entonces, un “grito infinito que atravesaba la naturaleza” surgió de su pecho. Sin duda, dicha sensación cruel sólo parecía poder ser calmada con un brebaje muy concreto...

 

Ingredientes

1 oz. de Absenta
1 terrón de azúcar morena
4 oz. de agua muy fría 

Modo de preparación

Sirve la absenta en un vaso portalier. Remoja el terrón de azúcar en el alcohol con una cuchara agujereada y colócalo en la parte superior del vaso. Enciende el terrón para que queme un minuto, dejando que el azúcar se caramelice y prenda la absenta. Apaga la llama con tres partes de agua fría por una de absenta.

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