No dejes de visitar Praga, la capital de la cultura

La mezcla de arquitectura románica, barroca, renacentista y gótica es uno de sus principales atractivos
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Czech Tourism  -  (Foto: Czech Tourism)

Si algo especial tienen algunos rincones del mundo es la capacidad de que uno respire su historia cuando pasea por sus calles, sin la necesidad de entrar en un museo, ya que la propia ciudad es un relato interminable. 

Entre estos peculiares espacios del planeta, hay uno que necesitábamos tener entre los destinos guardados en el pasaporte: Praga. Y es que la denominada ciudad de las 100 torres —debido a las altas edificaciones que se alzan por todas partes donde el ojo quiera descansar— es un buen ejemplo de ello. No hay duda de que la capital de la República Checa constituye toda una capital milenaria que se divide en cuatro barrios, cada uno con sus propias características como ciudad medieval independiente, situados a ambas orillas del río Moldava. Éstos quedan unidos por varios puentes, entre ellos, el célebre Puente Carlos, que se encuentra custodiado por los ojos impasibles de 30 imponentes e históricas estatuas de santos checos.

La mezcla de arquitectura románica, barroca, renacentista y gótica se puede observar tanto en edificios de la época como en sobrecogedores monumentos, como la catedral de San Vito, cuya construcción se extendió casi 1,000 años  y es el núcleo del vasto castillo de Praga, uno de los principales puntos de interés histórico de la ciudad habitada por poco más de 2 millones de habitantes y que cuenta en su lista de leyendas a los escritores Franz Kafka y Milan Kundera. 

Sumándole a la visita el placer de su increíble cerveza, el exquisito goulash y la peligrosa bebida de las hadas, la absenta, Praga se ha establecido como un destino perfecto de fin de semana para todo viajero que pise el viejo continente, pero eso sólo sería quedarse con una parte de lo que la región que la rodea puede ofrecer.

La llamada Bohemia central, centro económico de la República Checa, es también famosa por su producción de cristal de altísima calidad y cuenta también con rincones capaces de sorprender a cualquiera que se aventure a cruzar las orillas de la ciudad dorada. Castillos del siglo XII, como el de Karlstejn, que guarda las joyas de la corona en la capilla de su torre mayor, un tétrico osario barroco decorado con más de 40,000 huesos humanos en Kutná Hora o el mismísimo castillo de Konopiste, hogar del desgraciado archiduque Francisco Fernando, colmado de armas exóticas y trofeos de caza de su colección persona, son paradas obligatorias del itinerario que podría nunca llegar a su fin ante la oferta infinita de opciones. 

Al fin y al cabo, el llamado corazón de Europa no es sólo una ciudad, sino un sello indiscutible para el buen viajero.

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