La atracción obligada de la Gran Manzana

Pistoleros, políticos y celebridades se han hospedado en el majestuoso The Knickerbocker
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Cortesía  -  (Foto: Cortesía)

Todos disfrutamos una buena historia y el hotel Knickerbocker, en Manhattan, las tiene de sobra. algunas han llegado cortesía de los residentes, otras tantas, de sus asiduos clientes y unas más, del propio staff.  

Sobre alcohol y sus consecuencias el millonario John Jacob Astor IV quiso construir un hotel que demostrara el lujo y la prosperidad que gozaba Nueva York a principios del siglo XX, así que eligió una fachada de ladrillo rojo y terracota para esconder sus fiestas legendarias. 

Si eras alguien en 1906, año de su apertura, seguro tenías una mesa reservada en el "country club de la calle 42", como los neoyorquinos apodaron con cariño el bar. Y si lo seguías siendo seis años después, también era muy probable que estuvieras brindando con un inusual coctel, supuestamente ideado por el barman, Martini Di Arma Di Taggia, "un personaje enigmático", como fue descrito el inventor del martini por un periódico de la época. Y entonces llegó la Prohibición y con ella, la decadencia del hotel y de sus fiestas.

Protagonistas excéntricos 

Varios artistas dejaron su huella en el número 6 de Times Square. Por ejemplo, uno de sus distinguidos huéspedes fue el famoso cantante de ópera y residente del hotel, Enrico Caruso, quien cualquier día podía salir a su balcón y dar un concierto gratuito a los transeúntes. Otro de sus vecinos, F. Scott Fitzgerald, no sólo vivió aquí mientras perseguía a Zelda y escribía su famoso cuento Mr. Icky, sino que incluyó el hotel como escenario en su novela debut This Side of Paradise. 

Tal vez una de las historias más simpáticas (dejando a un lado a unas cuantas estrellas de Vodevil) la tenga Maxfield Parrish. A él se le encargó el enorme mural que decoraría el bar. El pintor, famoso por sus tonos saturados, tenía muchos reparos en ser parte del embellecimiento de un espacio donde habría alcohol, pero la comisión de 5,000 dólares acabó por dejar tranquila a su conciencia. Quince años después de su apertura, la época de la Prohibición provocó el cierre del hotel y el edificio fue transformado en oficinas, entonces el mural fue trasladado hasta que, finalmente, llegó a su ubicación actual, el hotel St. Regis de Nueva York.         

Un buen western en el este

Lo único seguro era que cualquier cosa podría suceder en "The Knick". Haciéndole honor a esta fama, el 21 de diciembre de 1919, una persecución policiaca tuvo su fin en las paredes de este icónico landmark (constituido formalmente como tal en 1988). Los bandoleros eran los Tabasco Sauce Robbers, un par de ascendencia española conocido por robar joyas y amenazar a sus víctimas con pistolas de agua cargadas con salsa picante, contenido que no dudaban en usarlo contra la policía. El altercado comenzó en una de las habitaciones donde trataron de robarle a un huésped 100,000 dólares (de aquel tiempo) en gemas. 

Asociaciones delictivas (0 casi) 

Escoger qué grupo es el más extraño de todos los que establecieron sus headquarters en el hotel, no es cosa fácil. Contendiente número 1: la asociación de manufactureros de corsettes. Sus discusiones en 1908 versaban sobre si los hombres deberían de usar dicha prenda femenina todos los días. Contendiente número 2: el club de los 13. Trece hombres disfrutaban un menú de 13 tiempos mientras discurrían qué traía peor suerte: caminar bajo una escalera o romper un espejo.  Contendiente número 3: Tammany Hall. Este grupo de demócratas notables gobernaba la ciudad desde aquí. Estas paredes atestiguaron cuando ellos eligieron a los gobernadores más manipulables y propensos a seguir sus órdenes. 

De cómo apostar y otras técnicas deportivas 

El mundo de los deportes también se reunía en "The Knick". En 1910, el dinero equivalente a  2 millones de dólares de hoy se juntó en una colecta por la "Pelea del Siglo", en la que el afroamericano Jack 

Johnson tenía que defender el título de peso pesado contra "La gran esperanza blanca", el boxeador y campeón anterior Jim Jeffries. Su carga racial,trajo consigo revueltas y disturbios, aún hoy considerados de los peores por este motivo.  También en una de sus mesas se cerró el trato en el que Harry Frazee vendió a Babe Ruth a los Yankees. La cantidad requerida fue de 100,000 dólares más un préstamo de 300,000. 

Tras haber sido la casa para la redacción de Newsweek y haberse incorporado al Fashion Distric y albergar  showrooms para marcas de moda en los años 80, la edificación regresó a sus orígenes. Después de una inversión de  250 millones de dólares, hoy reabre sus puertas como el único cinco estrellas en Times Square, con el gusto impecable de los interioristas Gabellini Sheppard.

Este texto pertenece a la edición impresa de mayo de 2016 de Life and Style.

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