La historia de la película que cambió a Puerto Vallarta

Cinco décadas atrás, Ava Gardner, Richard Burton, Elizabeth Taylor y John Huston viajaron a un Puerto de Jalisco a trabajar... y todo cambió para siempre.
Esta película cambió la historia en 1962
La noche de la Iguana (1964)  Esta película cambió la historia en 1962  (Foto: Peter Turner / Gabriel Figueroa)

Don Ricardo, el guía, lo dice con certeza y confianza. Tanta, que da pena contradecirlo y contarle que no, que no fue así. La verdad es que, al salir de la casa Kimberly, donde vivieron Elizabeth Taylor y Richard Burton (convertida en un hotel boutique en la calle Zaragoza 445 del centro de Puerto Vallarta), el calor es agobiante y, así, hay poco que discutir. Y también, la verdad, es que su trabajo como guía ha sido excepcional, y romper con el mito no parecía apropiado.

Desde el primer minuto que supo de la idea, don Ricardo se entusiasmó y perderlo por una corrección no valía la pena: "Queremos conocer cada rincón de Vallarta por el que pasó y dejó huella el filme del director John Huston La noche de la iguana". Y el aceptó: "Quieren que sea como el actor Richard Burton en la película, su guía particular... Ok, sólo no me vuelvan loco como la señorita Gardner lo hizo con él".

Quinientos metros después de conocer el nido de Taylor y Burton, cruzando el río Cuale –en la antes conocida Isla de los Niños, que divide la zona romántica del centro de Puerto Vallarta–, aparece, sentada en cobre, la figura de Huston. "Ahí está el señor que busca. El que puso los ojos del mundo en Puerto Vallarta". La escultura, creada por el mexicano Carlos Ramírez, en 1989, por el 25 aniversario de la película, cambia el panorama y la verdad aparece. Aunque ello implique perder a don Ricardo.

"Cuentan que Huston viajaba en su avioneta, buscando Acapulco, pero erró y aterrizó en Puerto Vallarta y se quedó"
 "Cuentan que Huston viajaba en su avioneta, buscando Acapulco, pero erró y aterrizó en Puerto Vallarta y se quedó"  (Foto: Peter Turner / Gabriel Figueroa)

Huston había conocido al ingeniero mexicano Guillermo "Willy" Wulff en 1961, en una cena en Nueva York, y éste le había invitado a conocer Puerto Vallarta para que filmara una película ahí. Wulff, que viajaba a Nueva York acompañando a su esposa Nelly Galván, quien vendía ropa creada por costureras del puerto, había sido uno de los pasajeros que tomaron, en 1956, el primer vuelo de Mexicana de Aviación a Puerto Vallarta.

Él, que había llevado, también en avión, el primer coche hasta el puerto, y había instalado la primera línea telefónica de la región, vio en esa cena una oportunidad de proyección en el mundo para el puerto, asumió el papel de anfitrión y recibió a Huston, llevándolo hasta la playa de Mismaloya, en la bahía de Banderas. Ahí, el director, que ya había filmado en México, encontró su siguiente locación.

"A pesar de que ese proyecto era una verdadera aberración, me comprometí indebidamente y me encargaron construir los sets y darle de comer a 500. Tuve un déficit de 250 mil dólares, en puros alimentos. Y le quedé a deber cerca de 200 mil dólares a Bancomer. Huston se lavó las manos y quedé embarcado. Pagué “el pato” del desarrollo por tonto, por entrar sin asesoría legal, pero ese evento puso a Vallarta en el mapa", declaró Wulff, en 2001, en el libro Puerto Vallarta, 150 años de historia.

La playa de Mismaloya, a 20 kilómetros del puerto, fue el gran set para Sue Lyon y compañía
 La playa de Mismaloya, a 20 kilómetros del puerto, fue el gran set para Sue Lyon y compañía  (Foto: Peter Turner / Gabriel Figueroa)

Con el guión de "La Noche de la Iguana" en sus manos, tras la aprobación de su autor, Tennessee Williams, Huston hizo maletas para cerrar dos acuerdos fundamentales: que el fotógrafo de la película fuera el mexicano Gabriel Figueroa, consentido en esa época del español Luis Buñuel, y que uno de los productores fuera mexicano para garantizar que el filme no se quedará estancado, siendo el elegido Emilio, el "Indio", Fernández. Con ello asegurado, regresó a EU para convencer a Richard Burton y Ava Gardner, sus dos protagonistas, de viajar a un rincón desconocido. Gardner aceptó y Burton puso una condición: su nueva pareja viajaría con él. Y Elizabeth Taylor pisó Puerto Vallarta y lo transformó.

"Hubo un momento que en Puerto Vallarta hubo más periodistas que iguanas", comentó Huston luego de que comenzaran a llegar al puerto corresponsales de todo el mundo, buscando fotos de Burton y Taylor.

La intimidad y el silencio de las playas de Mismaloya, la soledad de Las Caletas y las perfectas tonalidades de la bahía de Banderas comenzaron a aparecer en el mundo... ¡Vallarta a la vistaaa!, se leía en los periódicos mexicanos e internacionales y así, en unas semanas, el puerto le robó la atención al mundo, y también a Acapulco, invitando a la industria del cine a convertir un paraíso desconocido en un set reconocido.

A "La noche de la Iguana" le siguieron, por mencionar tan solo algunas de las filmadas allí en las siguientes décadas, Le Magnifique, de P. de Broca (1973), The Domino Principle, de S. Kramer (1977), Predator, de J. McTiernan (1987) y Revenge, de T. Scott (1990), dejando en claro que Huston y Wulff habían logrado su cometido: el estado de Jalisco tenía los ojos y las cámaras puestos en uno de sus puertos... Hoteles, bares, restaurantes y cualquier idea de negocio. Ahí, ahí estaba el negocio y la historia tuvo un "final feliz".

Sue Lyon volvió a fortalecer en "La Noche de la Iguana" su primer gran papel, como la "Lolita" de Kubrick
 Sue Lyon volvió a fortalecer en "La Noche de la Iguana" su primer gran papel, como la "Lolita" de Kubrick  (Foto: Peter Turner / Gabriel Figueroa)

"Llevo viajando a México muchos años y siempre regreso a él porque es uno de mis países favoritos en el mundo. Pero ahora regreso más", comentó Huston antes de morir, tras vivir muchos años en la casa que compró en la zona de Las Caletas, al sur del puerto.

"Mi padre encontró la felicidad en la selva. En esas playas. En pescar. Ahí fue feliz", recita don Ricardo al leer un papel que sacó de su bolsillo, cuando caminamos rumbo a la casa de Mismaloya donde se filmó la película.
"No lo digo yo, joven, eso lo declaró su hija en un periódico que me encontré, justo después de que don John murió... es la que la hace de Morticia en Los locos Addams, sí sabe cuál le digo. ¿No, mi joven?".

Al llegar a la casa, una vieja barda impide el paso. La propiedad, construida por Wulff, es hoy parte de los terrenos de las comunidades indígenas de la localidad. Antes de fallecer, tanto Huston como Wulff, que lograron recuperar su lazo después de los problemas económicos que ocasionó al mexicano la producción, acordaron donar todo a los encargados de crear aquel mundo de fantasía.

Liz Taylor viajó a Puerto Vallarta para estar cerca de si nueva pareja, el actor inglés. Después compraron juntos la casa Kimberly
 Liz Taylor viajó a Puerto Vallarta para estar cerca de si nueva pareja, el actor inglés. Después compraron juntos la casa Kimberly  (Foto: Peter Turner / Gabriel Figueroa)

Don Ricardo se siente orgulloso de contar la historia, pero se molesta porque un teléfono celular, que no para de sonar, llegara con vida al lugar y, para demostrar que el guía manda, lo arrebata y lo toma entre sus manos, típicas de un pescador que aprendió a leer y, ahora, prefiere ser guía ("... Sí, como Richard Burton en la película"), que seguir acumulando cicatrices, y ve que la voz que sonaba y lo interrumpía era la del actor Bob Marcato, encargado de narrar el detrás de cámaras de La noche de la iguana, creado por el director ganador del Oscar Ross Lowell, bajo el nombre de On the Trail of the Iguana.

"Esto es Puerto Vallarta, un lugar remoto de la costa pacífica, a 650 kilómetros de la Ciudad de México. La vida aquí es propia de tiempos mejores. Retirada y sin complicaciones. Sin mucha conexión con el mundo exterior. Las malas carreteras desaniman a los intrusos. O se llega por mar o se llega por aire. No hay teléfono. Puede que el correo llegue o no. A veces, un puñado de turistas encuentra el camino para relajarse y tomar el sol. Lo llaman un paraíso escondido...".

Don Ricardo sonríe. Devuelve el teléfono. Vuelve a sonreír. "Es verdad, joven. Esto era un paraíso escondido. Ahora, es uno conocido, pero es un paraíso... Oiga, ¿le comenté que mis papás me bautizaron Ricardo, en honor a don Richard?". Aquí, el final más feliz.

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