Este es el hotel que cambió la cara de Guadalajara

Demetria se ha convertido en uno de los lugares imperdibles de Jalisco y hace unos días platicamos con su dueño Iván Cordero.
(Tanya Chávez)
Demetria  (Tanya Chávez)

Han pasado tres días desde que llegamos a Guadalajara y hemos comido en cada uno de los lugares que nos han mencionado son infaltables en la gastronomía local. Hemos pasado lista por Hueso, Alcalde, La Docena... y cuando Iván Cordero nos pregunta: "¿Y las Colomos?" y respondemos que no, sus manos, que van de un lado al otro, dejan en claro que algo hemos hecho mal. De su bolso, saca las llaves de su coche y, sin preguntar más, ordena: "Súbanse", y en cinco minutos tenemos una cuchara y una torta ahogada en frente y un comentario más: "Ahora sí, ya comieron bien en Guadalajara".

La anécdota ni siquiera está en la grabadora, pero es la más certera para dejar en claro
el papel de Cordero en la Guadalajara de hoy: un personaje que mueve la ciudad y, que, la reconoce e intenta darla a conocer.

Dos días antes de enseñarnos que una torta servida con el caldillo aparte es la mejor
opción, Iván tomó el papel de ser guía, historiador, acompañante y compañero del viaje por la arquitectura de la ciudad. "Ese piso, mmm, no. Este techo viene de otro techo... ¿Cómo es posible que enfrente de esta joya esté tal cochinada y no lo quieran ver? Si vas a un museo, tienes que ir al MAZ... ¿Viste esa casa? Es de Pedro Castellanos y alguien la acaba de comprar, y tengo la sensación de que la van a arruinar".

Lo tiene claro. Si la ciudad quiere cambiar, tiene que aprender a valorar. Si la ciudad
se quiere transformar, tiene que saber respetar dónde hay que cambiar y dónde se debe preservar. Nadie le paga por ello, porque ser ciudadano no es un trabajo, pero él lo asume y distribuye información sin parar. Lo conocen aquí y allá: "Es un empresario", "Ah, el arquitecto", "¿el de Demetria?", "Me han dicho que es un pesado", y algunas otras más, pero, a ojo de buen cubero, Cordero es un ciudadano chacharero más, la única diferencia está en que, sin duda, sabe que para ser ese ciudadano hay que participar. No sólo alzar la mano, sino en su caso particular, preservar. Conservar. Coleccionar y, después, mostrar y demostrar. Sí, la respuesta es sí. Lo logró. Con la torta en la mano, sin remojar, pero con el caldillo en el plato, recomendando que los infaltables en un paseo de arquitectura son la Casa González Luna y Casa Cristo (Barragán), Casa Farah (Urzúa), Casa Quiñones, Casa Rébora y Privada del Torreón (Castellanos), queda claro que Cordero lo logró.

Iván Cordero apostó su vida, un todo o nada a una sola idea: recuperar el valor histórico de la bautizada (por él) Zona Lafayette.

Hoy, con el hotel Demetria queda claro que ganó él y, de paso, también Guadalajara.


(Tanya Chávez)
 (Tanya Chávez)
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