La CDMX es el lugar con más armas registradas del país

Aunque existen opciones legales nos atrae más el mercado negro
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Rock Island Auction Company  -  (Foto: Rock Island Auction Company)

¿Importa el tamaño de las pistolas en Latinoamérica? Sí, importa, y la más grande es del jefe. Da lo mismo si es en Sinaloa o en las favelas de Río de Janeiro, en América Latina uno de cada 50 jóvenes no llegará a los 31 años a causa de una pistola, dejando en claro que el tamaño del calibre es igual al tamaño del poder, que no basta con tenerlo, sino que hay que usarlo. 

¿Por qué sorprende entonces que cuando detuvieron la segunda vez, en Mazatlán de 2014, a Joaquín, 'El Chapo' Guzmán, trajera consigo (junto con otras cuatro armas) una Colt .45 modelo Gold Cup, de "siete petatillos" —con el martillo, el gatillo, las cachas, la mira y el seguro de oro— e incrustaciones de diamantes negros en la empuñadura? Sencillo: el arma personal del hombre responsable de 25 por ciento del tráfico de drogas en Estados Unidos, valuada en 303 mil dólares, y de uso exclusivo del Ejército, demuestra el señorío del hombre, reforzado por una placa en la culata que dicta: Billionarie phorbes 701, en referencia a su posición en el listado de los más ricos de Forbes. El arma por sí misma puede dar miedo; saber a quién pertenece, da más. Finalmente, a través del dinero se obtiene tanto poder como a través de la violencia, si no es que más. 

En la máquina de matar de 'El Chapo' se juntan las dos cosas, al igual que en la de Osiel Cárdenas Guillén, exlíder del cártel del Golfo, quien tenía una Colt calibre .38 Súper con cachas de oro grabadas en conmemoración de la Independencia de México o la de Alfredo Beltrán Leyva con la figura de Emiliano Zapata labrada en oro que deja en claro como las Colt .38  Súper se volvieron un símbolo de estatus entre los narcos de los 90, cuando por primera vez se le decomisó a 'El Chapo' la que le regaló 'el Señor de los Cielos', líder del cártel de Juárez, con cachas de oro y 322 circonias y 22 esmeraldas incrustadas formando las iniciales AMF: Amado Carrillo Fuentes. 

Pero la ostentación en los narcos ya no sorprende, sorprende que tengan tanto en común con el resto del mundo, al menos de la gran mayoría de los hombres, cuando a las armas se refiere. El encanto que encuentran los mexicanos en el calibre .38 Súper, prohibido en México para civiles desde 1972, tiene un origen incierto que puede comenzar a rastrearse  en la influencia del mercado estadounidense en la transferencia de armas al país: por ejemplo, cuando surge la .38 Súper, en Estados Unidos permanece, ampliamente extendido, el gusto por el .45, posiblemente por ser el arma reglamentaria de los ejércitos. Así, en México, antes de la promulgación de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, en 1972, había civiles que tenían registradas escuadras de calibre .45 mientras que los militares usaban las Colt 1911 y 1911A1 en .45 ACP. 

Glock 17

En el Artículo 10 de la Constitución Mexicana se establecía que los ciudadanos de México tenían derecho a poseer armas en su domicilio para su legítima defensa, pero comúnmente ya se consideraba el calibre .45 ACP y el 9 mm Parabellum como de uso exclusivo de las fuerzas armadas, y ésta puede ser una de las razones del amor por la Súper .38 ya que, de acuerdo con estudios criminológicos de balística, los mexicanos descubrieron que el .38 Súper tenía más potencia en el golpe hidráulico, además que es un arma automática que se puede abastecer rápidamente a diferencia del .38 especial, más utilizado en revólveres. Por último, aunque ilegal, es un calibre extendido y con mayor disponibilidad en el mercado, lo cual lo hace fácil de conseguir.

México, como nación, tiene una historia entretejida con las armas de fuego en la que los personajes célebres de los libros de historia se hicieron un lugar a punta de pistola. Incluso los culturales. Los emblemáticos pintores Rivera y Siqueiros protagonizaron una discusión en Bellas Artes que terminó con balazos al aire en los años 40; misma época en la que cuenta, en sus memorias, el poeta chileno Pablo Neruda que confiscó a los poetas más de 100 pistolas en un sombrero de charro mientras se las ofrecían para que eligiera una para soltar unos tiros al aire durante un homenaje que le ofrecían en las trajineras de Xochimilco.

Esta afición —extremadamente común entre los poderosos y los hombres de a pie— a la cultura de la pistola, ligada al tinte machista y ostentoso de la idiosincrasia del mexicano, fue aprovechada por Colt para diseñar para el mercado mexicano una Colt Serie EL que recuerda el juego de lotería, con modelos Government, en calibre .38 Super. La ediciones eran limitadas: de algunas se produjeron 500 y de otras, hasta 2 mil unidades con el grabado de El Soldado, El Patrón, El Senador, El Jefe, El Dorado, El Toro, El Teniente, El Sargento, El General. De todas, la más cotizada era la de El Presidente, de la que sólo se produjeron 100, con cachas de oro y plata.

Luger Cezka Zbrojokva (9mm)

Curioso, ya que para los presidentes mexicanos las armas son un gusto y un símbolo de poder. Por ejemplo, José López Portillo era un coleccionista de armas que exhibía en el despacho presidencial ballestas, revólveres y ametralladoras. A principios de su sexenio,  recibió como regalo del empresario Juan Sánchez Navarro, una pistola que había pertenecido a Pancho Villa con cachas de plata en las que se descubrían grabadas escenas de la Revolución. Es difícil conocer el valor real de esa arma, pero un revólver Remington que perteneció al ‘Centauro del Norte’ con su verdadero nombre, Doroteo Arango, y varios adornos en oro, se subastó casi en 20 mil dólares en 2007.   

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No eran pocos los políticos y poderosos que cedían ante el tentador regalo de un arma de fuego de altos calibres con sus iniciales; por los despachos de los gobernadores era una tradición, que —como augurio de buena comunicación entre los tres poderes— diputados y altos funcionarios recibieran de manos del gobernador, una escuadra .45 (en aquellos tiempos la de mayor calibre permitido y la favorita), generalmente con cachas de plata, frecuentemente grabada con el nombre del ejecutivo y, en casos especiales, el escudo nacional. Todas tesoros históricos que han salido a la luz entre los canjes de armas que han emprendido los distintos niveles de gobierno. En la Ciudad de México, la entidad donde más se han recogido armas dentro del programa de entrega voluntaria, se han recibido algunas Colt con leyendas como 'Jefe de Jefes' o 'Presidente José López Portillo. Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos'. 

Entre los 417 coleccionistas de armas que actualmente se tienen registrados en la Secretaría de la Defensa Nacional, algunos nombres destacan. Casi una tercera parte son miembros de las fuerzas armadas: Ejército, Marina y Fuerza Aérea. El otro grupo mayoritario son políticos: expresidentes y exgobernadores, funcionarios o diputados; el resto, empresarios, líderes sindicales y de opinión. Entre ellos, destaca el caso conocido en 2012 de Luis Cárdenas Palomino, el entonces Coordinador de Seguridad Regional de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, quien durante la administración del presidente Calderón tenía una colección privada de 99 armas, de las cuales 72 eran de uso exclusivo del Ejército y 53 eran de origen desconocido... ¿Qué es lo que hay que compensar para necesitar tener 100 armas?

"Es la gente la que comete los crímenes, no las armas". Con esta frase casi filosófica suelen justificar la epidemia de violencia armada en que vivimos desde la cúpula de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) de Estados Unidos, máximos defensores de la posesión civil de armas de fuego, fabricantes y dueños de armas, pero cual si fuera un artefacto hechizado, la pistola sí tiene el poder de cambiar a quien la sostiene y a quien está frente a ella. 

Colt M4

En una balacera entre pandilleros en el barrio bravo de Tepito, escapó uno de ellos en motocicleta; mientras montaba el vehículo, se le cayó el arma. No hubo tiempo de regresar por ella. Un chico de 23 años la recogió. Era una pistola Pietro Beretta 9 mm. Nunca la ha disparado, tan sólo la limpia y ve su imagen en el espejo apuntando con ella, pero la lleva a fiestas, sujeta a la cintura, porque “te conviertes en otra persona con un arma al cinto. Tus amigos te dan otro respeto”. 

Es la admiración y el status a través de las armas de fuego lo que esta buscando una sociedad en la que una gran proporción de los hombres jóvenes son invisibles para el Estado y es entre ellos que la ilusión de escalar posiciones económicas con una arma como herramienta parece la opción. Adolescentes de todas las escuelas llevan las pistolas que encuentran en sus casas a la escuela con el fin de infundir miedo y conseguir un lugar en su comunidad. Ese rol cultural, en México y en otros países, se perpetúa al regalar un arma a los chicos como celebración de la hombría al cumplir 15 años. La lógica del macho mexicano se vuelve presente en los carnavales que se celebran, por ejemplo, en Iztapalapa, en la Ciudad de México, donde a la par de la fiesta se celebra una carrera armamentista para ver quién desfila en las plazas con el arma de mayor potencia. En esas fiestas, que comienzan en febrero y terminan en abril, es una tradición que los hombres, vestidos de charros, con sombrero y traje de espuelas, “echen bala” al ritmo de las bandas de música que constituyen el cortejo de las reinas del carnaval; sin embargo, en los últimos cinco años se han visto armas de mayor calibre, incluso R-15 y AK-47.

Ahora, que los datos hablen: la ley establece que todo ciudadano puede poseer para protección del domicilio un arma corta calibre .22, .25, .32 o .380 o un revólver .22, .32. o .38 SPL. Más de dos millones y medio de personas tienen hoy día un arma registrada legalmente ante la Secretaría de la Defensa Nacional. Casi el 90 por ciento son hombres. Las minoría de mujeres que tiene un arma lo hace con fines deportivos o cinegéticos. Sucede igual respecto a la portación de armas de fuego: existen en vigencia 3,076 permisos para portar un arma, 3,057 corresponden a hombres y sólo 19, a mujeres. Legalmente o con fines delincuenciales casi 90 por ciento de quienes tienen armas son hombres y también son predominantemente varones quienes son víctimas de ellas. Nueve de cada 10 muertes por violencia armada son hombres entre los 15 y los 44 años de edad. Según la Sedena el 90 por ciento de las solicitudes son autorizadas. Tan sólo, en 2014, se registró el mayor monto obtenido por la Dirección de Comercialización de Armamento y Municiones de la Sedena siendo de 127,656,020 pesos. Un estudio de la UNAM  calcula que los tres años anteriores a 2012, el registro de armas crecía en un 15 por ciento cada año. Por cada ciudadano legalmente armado puede haber hasta cinco más que no han reportado ante la Sedena las armas que guardan debajo de sus almohadas para dormir tranquilos como decía la Tucita, en la película Los Tres Huastecos, protagonizada por quien mejor ha representado el rol del macho mexicano: Pedro Infante. En un papel que se volvió emblemático, la chiquilla de cuatro años le pide a su papá que le dé la pistola “pa’ dormir tranquila”. Dormir tranquilo... en un país donde proliferan más de 20 millones de armas de fuego legales e ilegales que demuestran que el mexicano sigue siendo de armas tomar. 

Magda Coss es autora del libro Tráfico de armas en México, publicado por Grijalbo, y con este artículo debuta como colaboradora en Life and Style

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