Cosas que extrañaríamos de los coches estándar

12 cosas que seguramente echaremos de menos cuando ningún auto ya no nos dé lata
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Talladega Nights (Adam McKay, 2006)  -  (Foto: Talladega Nights (Adam McKay, 2006))

¿No han notado que las nuevas generaciones ya casi no saben manejar con transmisión manual? Quizá sea porque la preferencia estadounidense por el cambio de velocidad automático (sólo el 4% de los autos vendidos en el país el año pasado eran estándar) está ganando a la tradición europea de los cambios manuales. O quizá sea sólo una evolución natural inspirada por nuestra afición por lo cómodo y rápido.

Sea como sea, los expertos aseguran que, si bien la transimisión manual no es probable que desaparezca por cuestiones técnicas, el embrague sí, y lo que quedarán serán coches con palancas capaces de usarse en ambas modalidades. Pero nunca más el auto que nos hizo disfrutar de estas 12 experiencias inolvidables: 

1. Sufrir en subidas altas

Todos tuvimos que poner alguna vez el freno de mano para que el auto no se nos fuera para atrás y chocáramos. Algo que, siendo sinceros, a todos nos pasó alguna vez.

2. Que tu auto aguante que no cambies su velocidad

Ese momento cuando oíamos el motor a punto de explotar porque las revoluciones iban por los cielos y simplemente no sabíamos a qué velocidad hacer el cambio. O la típica pregunta "¿puedo pasar un tope en tercera?", que ya ningún novato tendrá que volver a hacerse. 

3. Equivocarte metiendo reversa

Cuando nos subíamos, encendíamos el auto y confiados metíamos reversa en lugar de primera; lo demás es historia. Otro clásico que extrañaremos es ese momento en el que nos subíamos al nuevo auto de nuestro amigo y le preguntábamos: ¿cómo pones reversa?.

4. Empujar tu auto si te quedas sin gas

El momento en el que pedíamos ayuda y nos decían: ¡Quite su freno de mano y mantenga el volante derecho! O olvidarnos de pasar por gas y solucionarlo de un empujón en bajada. Ahora, donde nos quedemos atorados nos quedamos.

5. Que tus pies no vayan en el pedal correcto

La primera vez que nos subimos y pensamos, ¿para qué sirven esos tres pedales? ¿Cuál es el freno? ¿Cuál el acelerador? ¿Y ese qué hace? Con los automáticos dejaremos atrás la coordinación y manejaremos como niño en un go kart.

6. Encender tu auto de "bajadita"

Dejamos prendidas las luces y no tenemos batería para encenderlo. Una bajada + un empujoncito = tu mano en el freno de mano y tu pie en el clutch. Tu auto nunca te dejaba solo. Ahora, una vez más, donde nos quedemos atorados nos quedamos.

7. Equivocarte de velocidad

Llegaba un momento en el que olvidábamos en qué velocidad íbamos y nuestro motor no decía nada, dejándonos sólos con nuestra dudas: ¿Por qué voy tan lento? ¿Por qué no acelera bien?

8. Que ya no exista excusa para acercar tu mano a su pierna

El cambio de velocidad ha sido por generaciones un símbolo, el pretexto universal para tener nuestras manos cerca de las piernas de nuestro ligue. Ahora, si lo pruebas, ella simplemente te volteará a ver feo y no entenderá qué hace tu mano en su asiento.

9. Arrancones

Este punto no es sólo algo que extrañaremos, sino algo que echaremos de más: ese momento en el que el de al lado acelera en "N" y cuando baja a "D" su auto se apaga. En serio, va a ser deprimente que tengamos que ver eso a diario.

10. Darle un besito al auto de enfrente

Nos subíamos y lo primero que hacíamos era encenderlo en primera y rozar los labios del auto de enfrente. Porque sí, todos teníamos besitos de otro auto y era de lo más normal. Pero ya no. Nuestros autos se han vuelto más independientes, menos cariñosos. 

11. Que tu hijo te pida clases de manejo

¿Cuál será la necesidad de pedir ayuda, si solamente hay que encenderlo, frenar y acelerar? Todos tuvimos fines de semana con nuestros padres estresados en el asiento del copiloto, y cuando veíamos un tope sufríamos más que un examen en la escuela. En el presente esas historias sólo son ya batallitas de abuelo.

12. Que a tu novia le dé miedo manejar su coche

Como vamos a extrañar que nos digan: "Llévatelo tú, sabes que se me apaga en el tráfico". Era un pretexto perfecto para dejarla en su casa y fajar de lo lindo antes de que subiera a cenar con sus padres.

Probablemente deberíamos alegrarnos de haber dejado atrás la incomodidad y tendríamos que recibir con los brazos abiertos a la confortabilidad. Pero... ¿Quién no va a extrañar aprender a la mala? Que nos pregunten cómo le hicimos para aprender tan rápido. Y, sobre todo, poner toda la atención en el camino. Tal vez ahora sólo miremos un poco más el celular que a nuestro copiloto, ya que el auto hará todo por nosotros.

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