El Audi más poderoso de la historia

Probamos a fondo el Audi R8 V10 por las carreteras de Quintana Roo
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Gunther Sahagún  -  (Foto: Gunther Sahagún)

El vuelo a Cancún se me hace más pesado de lo normal. Sólo llevo conmigo un carry-on, con el propósito de salir lo más rápido de la terminal. Para ser honesto, ni me fijé en lo que empaqué. Todo porque en el aeropuerto me espera un espectacular Audi R8 color amarillo, ideal para manejar en un escenario tropical como Cancún. 

A mi llegada, ni siquiera necesito llamar a la persona que me lo entregará. Basta seguir la mirada de la gente en la salida principal para identificar dónde está el auto. Sí que llama la atención. Me presento y pido las llaves ante la mirada celosa de quienes están cerca, pero encuentro resistencia de la persona que lo trajo hasta aquí, como si tuviera que entregar el boleto ganador de la lotería. Lo entiendo... ¿quién cedería voluntariamente el manejo de un auto con motor central V10 que entrega 610 hp de potencia y acelera de 0 a 100 km/h en 3.2 segundos? Yo no. Afortunadamente, hoy soy el piloto. 

Prueba de calidad... ¡Superada!

El nuevo Audi R8 se presentó el año pasado en el Salón del Automóvil de Ginebra. El primer Audi R8 se lanzó al mercado en 2006, del que se vendieron alrededor de 27,000 unidades en el mundo —300 en México—. En ésta, la segunda generación, la apuesta de la marca alemana sigue en la misma línea: crear un auto deportivo de altas prestaciones, que tenga un pie en las pistas de carreras  y otro en las calles de las ciudades más cosmopolitas. "Con el nuevo R8, nuestros ingenieros trasladan la experiencia acumulada en competición de la pista a la carretera. Ningún otro modelo de Audi es tan dinámico y emocionante en su conducción", dijo, durante su presentación, Ulrich Hackenberg, responsable de Desarrollo Técnico de Audi.

Como se esperaba, la respuesta de la crítica y de los entusiastas de los superautos fue inmediata, pero, sobre todo, positiva. Así que, comenzó la producción en el complejo Audi Böllinger Höfe, situado en Heilbronn, Alemania. Y, desde sus cimientos, se deja ver la espectacularidad del auto. Casi 500 técnicos realizan un trabajo detallado, pues cada parte del R8 merece total atención. Por ejemplo, el chasis de aluminio se combina, por primera vez en la historia de Audi, con polímero reforzado con fibra de carbono. Esto podrá sonar muy técnico, pero impacta en el desempeño del auto al reducir el peso total en 32 kilos, en comparación con el modelo anterior.

En las siguientes etapas, el proceso de fabricación continúa de forma casi artesanal. El chasis se traslada al área de montaje, que consta de 15 estaciones en las que se realizan toda cantidad de trabajos manuales, en ciclos que duran 40 minutos cada uno —como referencia, en un auto en serie, duran cinco minutos—. Se instalan los instrumentos, el cableado, los interiores, el motor y la caja de cambios. ¡Listo! Un nuevo Audi R8 está listo para derretir el pavimento. 

Como es costumbre, la parte final es clave: cada nuevo Audi R8 se somete a un estricto proceso de control de calidad que comprende seis ciclos para asegurar su funcionamiento perfecto. Las pruebas se realizan en una pista situada a un costado de la planta. Incluso, hay una zona de baches —puestos a propósito— para detectar desajustes o ruidos extraños. En mi interior, pienso que, más bien, se aseguran de que el coche no tenga problemas en mercados como México, ¡ja! Tras un par de horas en la pista y en algunas calles, el piloto profesional declara el Audi R8 listo para ser entregado a un afortunado dueño, en alguna parte del mundo. Por lo pronto, el auto que me toca a mí también pasó por todo este proceso. Sí, los cuatro aros me respaldan. 

 

El Audi más rápido de todos los tiempos

Una noche en la renovada Delux Ocean Suite del hotel Presidente Intercontinental Cancún Resort, con vista al azul turquesa del mar Caribe, es la antesala perfecta para llegar descansado al volante de un auto que rebasa los 300 km/h. Como no son suficientes los 20 kilómetros que me separan del aeropuerto, decido poner el GPS en la computadora rumbo a las tranquilas calles de Tulum

Bastan 10 minutos de camino para divertirse con el motor de 10 cilindros. Su respuesta al acelerador es rapidísima, y no tiene problema en alcanzar las 6,500 revoluciones por minuto. Detecto que en el volante —similar al de un auto de carreras, de hecho, me siento un piloto profesional— hay un botón que presiono y, súbitamente, escucho, con los vidrios arriba y la música a buen volumen, el inimitable sonido de un deportivo todopoderoso. Estoy en la versión tope de la gama, el Audi R8 V10 plus, de 610 hp, pero hay otra versión de 540 hp. Ambos, espectaculares, pero no dejo de pensar que manejo el Audi de producción en serie más rápido de todos los tiempos. 

Una hora después, siento un miniinfarto al recordar que no he revisado el tanque de gasolina... ¡uf! Miro y respiro. Vuelvo a mirar y a respirar. Puedo estar tranquilo, no llevo ni medio tanque, gracias a otra innovación del motor: la inyección indirecta adicional. ¿Qué significa? Que complementa la inyección directa de gasolina, lo que reduce el consumo de combustible y mejora el rendimiento del motor. El R8 V10 Plus consume un litro de gasolina cada 8.4 kilómetros. Con relación al modelo anterior, los ingenieros lograron una reducción de consumo de hasta 10%, en parte, gracias a los cambios mencionados en el motor y al nuevo sistema start-stop.

Las largas rectas de la carretera a Chetumal son ideales para probar la potencia del auto, que toma fuerza de la transmisión S tronic de siete velocidades, instalada detrás del motor. La caja de cambios dispone de tres modos automáticos —comfort, auto, dynamic—, aunque por momentos prefiero el sistema manual, con paletas al volante muy al estilo Fórmula 1. No sobra decir que las llantas de 19 pulgadas —las traseras, especialmente anchas—, mantienen el auto pegado al asfalto con máxima tracción sin ningún deslizamiento. 

Al llegar a Tulum, lo estaciono a un lado de la carretera para disfrutar la vista al mar abierto y, obviamente, subir unas cuantas fotos del auto a Instagram (@yosoymatu). En definitiva, la parte trasera es mi favorita, con las calaveras que se conectan de manera natural con las salidas de aire y con la luna que permite contemplar la belleza del motor. El toque final es el spoiler trasero fijo.

 

El primero de muchos premios

En marzo pasado, el nuevo Audi R8 V10 recibió el reconocimiento como "World Performance Car 2016", en los World Car Awards, durante el Auto Show de Nueva York. La segunda generación continúa una tradición de grandeza de su antecesor, que ganó tres premios en el mismo certamen. 

Un par de horas después, tras comer en un restaurante local y esperar a que cientos de personas, sin exagerar, fotografíen el auto —y una que otra selfie con él—, tomo camino a Cancún con una idea en mente: disfrutar las comodidades y la tecnología del interior. Si de ida probé la potencia del motor, de regreso voy a relajarme. 

Y perdón por repetirlo, pero me siento un piloto de carreras tras ese volante. Dos botones resaltan: el del modo Performance, que selecciona el modo seco, mojado o nieve; el otro, controla el sistema de escape deportivo. Los asientos deportivos te envuelven cómodamente para que disfrutes el trayecto. El tablero, ya característico de la marca, llamado Audi virtual cockpit, es totalmente digital y presenta toda la información en una pantalla de 12.3 pulgadas, con gráficos espectaculares.

Aunque me encantó esta versión en amarillo, sé que hay 10 colores disponibles de serie e, incluso, una pintura en acabado mate sólo para la versión R8 V10 Plus. En cuanto a la tapicería, se puede elegir entre tres tipos distintos de la más fina piel. 

Al tener todo bajo control, me dispongo a disfrutar el sistema de audio Bang & Olufsen, de 500 W, que me permite gozar uno de los momentos más inolvidables de mi vida —ojalá no lea esto mi esposa—. El precio de entrada del Audi R8 V10 es de 2,595,000 pesos, mientras que del Audi R8 V10 Plus inicia en 2,995,000 pesos

El viaje llega a su fin. Llevo el Audi R8 V10 Plus a un autolavado para entregarlo impecable. Al bajarme, me doy cuenta de que soy un mortal más y que tampoco puedo dejar de tomarle fotos y sacarme selfies con él. No hay de otra: debo dejar registro de que he manejado el auto de mis sueños. 

 

 

Este texto pertenece a la edición impresa del Especial de Autos Verano 2016

 

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