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De ida y vuelta a la playa en Scrambler

En este viaje descubrimos que pocas motos, como esta joya de Ducati, responden tan bien en carretera como fuera de ella.

Para un viaje de desconexión total, no hay mejor vehículo que la motocicleta. Concentrado en el asfalto, desde el arranque uno debe tener los cinco sentidos puestos en la carretera, lejos de preocupaciones, pensamientos distractores o ansiedades. Más aún cuando la moto en cuestión es una Ducati Scrambler 1100 cc.

La motocicleta funciona como una manera de redescubrimiento con uno mismo, sobre todo en un viaje largo, de la Ciudad de México a una costa del Pacífico . La Scrambler 1100 cc es una moto con ADN clásico de la firma italiana, inspirada en los modelos de la década de los 60 y, como era de esperarse, en todo momento estuvo sobrada de potencia con sus 86 hp por la carretera.

Las 5:38 horas de camino hasta Zihuatanejo transcurrirían rápidamente gracias a la posibilidad de gozar de una buena playlist de carretera. Uno de los detalles que más se aprecian en está moto es que debajo del asiento tiene una toma USB para ir recargando la batería de tu celular, dron o lo que necesites.

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Zihuatanejo, la pequeña ciudad costera, convenientemente atrapada entre la Sierra Madre Occidental y el océano Pacífico es un lugar lleno de vida, reconocido por la gran afluencia de surfistas que recibe, así como por redefinir la austeridad en un punto óptimo que hoy se asocia con el concepto de lujo contemporáneo.

El alojamiento no podía ser mejor: el hotel Lo Sereno, Casa de Playa, ubicado en Troncones –a sólo 30 minutos de distancia del aeropuerto de la ciudad–, cuenta con sólo nueve habitaciones, por lo que su atmósfera es íntima, más parecida a una casa de playa que a un Resort. Además, la cocina del restaurante del hotel ofrece distintas especialidades de la cocina mexicana, como un pulpo Yacapixtla.

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Un par de días antes de salir, en nuestra investigación previa, nos encontramos con el perfil de un talentoso fotógrafo local Roberto Nogueda ( @RobertoNoguedaa ), a quien decidimos hacerlo compañero de nuestro viaje, por la “magia” que reflejaban las imágenes de su portafolio.

Una vez en el destino, ya con Roberto como guía, lo primero que hizo fue llevarnos a comer en uno de sus restaurantes locales favoritos, Carmelitas y ahí nos contó acerca de uno de los secretos mejor guardados de Zihuatanejo, “El Faro de Las Gatas”.

Las Gatas, es una playa pequeña cuyo oleaje es muy tranquilo. Cuentan algunos locales, que fue el emperador tarasco Caltzontzin, quién bautizó esta playa, pues construyó un rompeolas para proteger a sus doncellas de los “tiburones gata".  Este es el lugar perfecto si lo que quieres es practicar snorkel inmerso en el mundo marino junto a mantarrayas o peces de colores, en los arrecifes del Pacífico. 

Nuestro destino final era “El Faro”, una construcción abandonada con un faro en lo más alto, que se encuentra en una de las puntas de las montañas que rodean “Las Gatas”, al lado del nuevo desarrollo inmobiliario de lujo “Punta Garrobo”.

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Nos quedamos de ver a las 06:30 hrs. del siguiente día, el punto de encuentro fue el centro de Zihuatanejo. Roberto llegó con su colega @ArtturoAntunez , una persona sumamente talentosa detrás de una cámara

Los seguimos hasta una carretera panorámica recién construida a las afueras de la ciudad, desde donde se alcanza a ver el mar y el sol que se asomaba entre las montañas. La imagen arriba de la moto era espectacular, en ese momento Roberto desde su coche, sacó su cámara y comenzó a grabar mientras nos dirigíamos hacia Punta Garrobo. El momento quedó inmortalizado. 

Al terminarse el asfalto, fue momento de seguir nuestro trayecto subiendo la montaña entre la selva. Decidimos continuar en la Ducati que respondió increíble conforme las condiciones se ponían más adversas. Eran las 8:00 hrs y ya estábamos a 33°, mientras el lodo y las ramas retaban a la moto para llegar hasta la punta de la montaña

A la Scrambler no hubo un solo relieve, barranco, árbol o ramas que la detuviera, sin duda hubiera sido prácticamente imposible pasar estos tramos sin el sistema ABS de Bosch o el control de tracción que integra la moto

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Llegamos a la punta de la montaña y entre árboles, hojas y ramas se dejaba entre ver una casa blanca abandonada, aunque proyecta mucha vida. Al poner un pie dentro de ella salió volando una bandada de murciélagos. Después de esta sorpresa, cruzamos el primer cuarto hacia la terraza de la construcción, donde nos encontramos con una de las vistas más impresionantes.

Llegamos ahí, a una vida sin bullicio, sin estrés, sin contaminación, un paraíso que vivimos aunque sea por unas horas. Porque había que volver a la realidad, así que nos conformamos con una probadita de esta vida. Tal vez algún día el viaje no sea de ida y vuelta.

De ida y vuelta a Zihuatanejo.

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