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El día que Cuauhtémoc Blanco acabó con Arabia Saudita en Confederaciones

Con un partido inolvidable del alcalde Blanco, que marcó cuatro goles y fue el goleador del torneo, junto a Ronaldinho, México inició su camino al campeonato de 1999.
Cuauhtémoc Blanco
Cuauhtémoc Blanco El delantero mexicano hizo historia en la Copa Confederaciones de 1999.

Con tres años de edad, Cuauhtémoc Jr. miraba la pantalla a regañadientes mientras, en la mesa, su pastel de cumpleaños esperaba la primer mordida. El antojo, las velas, los regalos...todo parecía pausado para él y su familia porque ahí, en la televisión, su padre estaba por comenzar el mayor logro de la selección mexicana en el futbol mundial.

Aquel día, un 25 de julio de 1999, la familia Blanco Santoyo celebraba los tres años del primogénito de aquel camiseta 10 que, lejos del pastel, calentaba en la cancha del Estadio Azteca esperando el silbatazo inicial y la señal de arranque de la participación del combinado de la camiseta verde (Garcís) en la Copa Confederaciones de 1999, la primera en celebrarse en México. Enfrente, la selección árabe del técnico checo Milan Maicala. Un rival sin mucha experiencia, con poco nombre de valor en sus dorsales, que parecía reducido al miedo ante las gradas del Estadio Azteca.

Faltaban pocos minutos para que Melquiades Sánchez, voz del Azteca, anunciara que el reloj marcaba las 14:30 horas de aquel domingo y, con ello, los equipos saltaran a la cancha a escuchar sus himnos y patear el balón o jugador, lo que pase primero.

En el campo, Manuel Lapuente, encargado de comandar a 11 guerreros (con su inseparable gorro español), presentaba la alineación: Campos (de morado y amarillo), Suárez, Márquez, Pardo, Carmona, Villa, García Aspe, Zepeda, Abundis y Blanco, Cuauhtémoc Blanco

Cuauhtémoc Blanco
Los encargados de dar la alegría más grande en el fútbol mexicano.

Del otro lado, muchos Mohammed y sólo un conocido, el portero Al Deayea, una promesa asiática que terminaría por compartir un lugar único en la historia con un mexicano: los peores porteros en la historia de los mundiales, al recibir ambos con 25.

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El hombre de negro, el colombiano Óscar Ruíz -de apodo 'El llanerito'- estaba listo también. Volteó a un lado. Luego al otro. Tomó su silbato y... México apretando. México buscando las bandas. México trazando el camino. Pases cortos, triangulaciones y cambio de juego a velocidad. Pocos minutos y México asfixiando.

Un "chiquitibum" por allá. Un "'Cuau' hazmé un hijo" entre miedo y, para finalizar, el primer intento de ola que no llegó a ninguna parte. Habían transcurrido 10 minutos y en una inocente falta en la banda derecha llegó el primer balón parado con peligro. Ahí, Pavel Pardo mandaba, así que todos se alejaron del balón y ocuparon el área. Pardo lanzó su dardo. Uno abanicó, el otro no llegó y Cuauhtémoc aprovechó.

El cronómetro marcaba 10:55 y el 'Cuau' ya corría poesído por el amor paternal, levantando su camiseta para mostrarle al mundo la fotografía de un regordete niño que sonreía: Cuauhtémoc Junior, ahí estaba tu regalo de cumpleaños. Papá celebrándote. Papá gritando...Papá como el gran juguete.

La gente, cansada de la esdrújula Cuauhtémoc, simplemente lo llamaba 'El Cuau'.

¡'Cuau', 'Cuau', 'Cuau', 'Cuau'!, se escuchaba por todo Santa Ursula. Cinco minutos después del gol y aún se escuchaba aquel grito. Hasta que un tiro de esquina a favor de México lo silenció. Todos al área, dardo de Pavel y ahí, superando la defensa, con un cuello limitado, pero una cabeza agrandada, Blanco se levantó y...¡'Cuau', 'Cuau', 'Cuau', 'Cuau'!.

El arquero Al Deayea.
Recibió cuatro del 'Cuau'.

El segundo gol, al minuto 19, colocaba ya a México como ganador del encuentro. Como líder de su grupo y, con tan sólo dos goles contra Arabia, como el candidato a campeón de la Confederaciones de 1999. Dos minutos después, zapatazo de Abundis desde fuera del área y el marcador ya 3-0.

Pero todavía faltaban dos del "10" para sentenciar. Al 68, Pardo vuelve a tomar un balón parado del lado derecho del campo y lo pone en el área chica y de nuevo, la cabeza de Blanco para sentenciar. El tercero en su cuenta y ya podía llevarse el balón a casa.

Para culminar, Abundis recorre la banda izquierda, centra con tiempo y, el Cuau, de nuevo con la cabeza, cerraba la cuenta y la marquesina: Cuatro goles de Blanco (tres de cabeza) en el primer partido de la Confederaciones de 1999, y se había ganado el derecho de una buena rebanada de pastel.

Cuatro goles en el partido con el que comenzó la gloria de la selección que levantó el trofeo más importante en su historia..

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