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La belleza del vértigo

Caer suele simbolizar la derrota. En una época que solo premia los ascensos, los clavadistas nos recuerdan que un salto al vacío puede ser un acto de espectacular valentía.
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La brasileña Jaqueline Valente en plena acción.

Desde esta altura, el paisaje de Bilbao es tan bello como aterrador. Que un miedo intenso se instale en el cuerpo no tiene que ver con que allá abajo, a un costado del museo Guggenheim, haya una araña gigante sobre decenas de personas que ven hacia arriba. No, la raíz de este terror no es la escultura arácnida en bronce de la artista Louise Bourgeois. Este pavor tiene un nombre específico, vértigo, y emana de mi estómago cuando me paro en la plataforma de salto sobre el puente de La Salve.

Desde aquí, a 27 metros de altura sobre la ría del Nervión, pareciera como si el agua tu- viera un efecto magnético sobre los huesos. Y aunque me sujete un arnés de seguridad, da miedo caer, pero también da un poco de consuelo descubrir —un día previo a la final de Red Bull Cliff Diving— que no soy el único que tiene esta sensación al estar cerca del precipicio. “Sí, siento miedo en cada salto”, confiesa el clavadista mexicano Jonathan Paredes, quien también es amigo de la casa relojera suiza Mido, patrocinadora de esta competencia. “El miedo es necesario porque si lo sientes, te hace tener una actitud de respeto ante lo que enfrentas. Lo que hay que aprender es a controlarlo, porque dominarlo es imposible, que sirva para mantenerte a salvo, pero que te deje avanzar y cumplir tus objetivos. Es un miedo que no paraliza”.

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El mexicano Jonathan Paredes obtuvo el segundo lugar en la temporada 2019 de Red Bull Cliff Diving.
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A poca distancia de la plataforma, a un costado de algunas clavadistas que hacen ejercicios de estiramiento antes de sus saltos de práctica, está Greg Louganis, director deportivo de Red Bull Cliff Diving. Incluso esta leyenda del deporte —cinco veces campeón mundial y ganador de cuatro medallas de oro olímpicas— confiesa que nunca ha ejecutado un clavado desde esta altura, porque es un asunto demasiado serio que exige estar en una forma física excelente. “Pero espero poder hacerlo el año próximo”, explica Louganis, quien también es activista LGBT.

Greg Louganis
Greg Louganis, ex clavadista y cuatro veces ganador de la medalla olímpica, es el director deportivo de Red Bull Cliff Diving.

Un día después, el clima todavía da tregua a esta ciudad que siempre permanece verde porque llueve gran parte del año. Los mejores clavadistas de altura del mundo, tanto de la rama varonil como femenil, contrastan con el azul del cielo cuando realizan espectaculares piruetas en caída libre y se zambullen en las aguas verdes del Nervión. Ese brazo de mar fue vital para Bilbao, porque por él pasa- ron miles de barcos mineros que hicieron de esta ciudad –entonces industrial, pero aho- ra de servicios, gracias a un plan urbano que tuvo como punta de lanza el Museo Guggenheim, inaugurado en 1997– una de las más desarrolladas de España.

Red Bull Cliff Diving
El clavadista ruso Slavik Kolesnikov en la final de Red Bull Cliff Diving, realizada en septiembre en Bilbao.

Son tantos los espectadores en las márgenes de la ría que, desde el puente La Salve, parecen arena multicolor. Entre un clavado y otro, se escuchan en los altavoces los comentarios de los narradores del evento y las impresiones de algunos expertos, así como música ambiental, pero durante la ejecución hay un silencio casi religioso que solo rompe el “plop” del agua cuando los clavadistas entran como saetas. No solo el ruido del impacto es alto, sino también el efecto físico. “Siempre que te avientas, duele”, explica Jonathan. “Pero aquí en Bilbao, como el agua de la ría es salada y mucho más densa, duele más al entrar”.

Gary Hunt
El inglés Gary Hunt fue el ganador de la temporada 2019.

Las piruetas de los clavadistas son tan rápidas que, por momentos, parecen máquinas, como si sus extremidades fueran las manecillas de un reloj aceleradísimo que marca un viaje en el tiempo. “El miedo más grande de cualquier clavadista”, dice Louganis, “es perder la percepción de tiempo y espacio porque la ejecución es muy rápida: en la caída puedes desarrollar hasta 90 kilómetros por hora y, si no controlas tu cuerpo, es muy desorientador cuando entras al agua”. Este deporte se trata, sobre todo, de control y precisión. “Nuestra alianza con esta competencia tiene todo el sentido porque compartimos valores”, dice Franz Linder, CEO de Mido. “Esta disciplina, como la relojería, se trata de la precisión. Y este elemento es clave para nuestra marca”.

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Éste fue el último salto en la carrera del colombiano Orlando Duque.

Cuando el sol empezó a caer, estaba claro que la jornada deportiva iba a estar marcada por la dominación y la despedida. Para esta séptima y última parada del Red Bull Cliff Diving, el inglés Gary Hunt llegó como el campeón matemático y se coronó, seguido del mexicano Jonathan Paredes y el estadounidense Andy Jones. La nostalgia embargó a todos los competidores porque tras una carrera de dos décadas, el colombiano Orlando Duque — primer campeón de clavados de altura— realizó el último salto de su trayectoria profesional luego de anunciar su retiro. Más tarde, a nivel de piso, la australiana Rhiannan Iffland, seguida de la inglesa Jessica Macaulay y la canadiense Lysanne Richard, subieron al podio. Lo mismo los líderes de la rama varonil.

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De izquierda a derecha: Jonathan Paredes, Gary Hunt y Andy Jones en la premiación.

Detrás de los campeones estaba Mamá, la escultura arácnida. Con sus 10 metros de altura y 22 toneladas de peso, adquiría un aspecto más tétrico cuando se oscurecía, por el contraste del ocaso en Bilbao. Sin embargo, lo que proyectaba nada tenía que ver con su verdadero significado: Louise Bourgeois la hizo en homenaje a su madre, por su capacidad para tejer afectos y también quedar atrapada en ellos. Esta idea detrás de la obra le daba un nuevo sentido a la escena fraterna de los clavadistas que se abrazaban y felicitaban junto al Nervión, porque este concepto también aplica al deporte: detrás de lo que puede causar terror, existe una belleza sin descubrir, como el vértigo de los clavados.

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