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Jill Magid y la polémica detrás de su performance con las cenizas de Barragán

Su muestra en el MUAC cuenta a través del multiformato los límites del arte y la propiedad privada.
Jill Magid
Jill Magid Anillo con cenizas de Luis Barragán (Foto: Cortesía)

La llegada de Jill Magid el 27 de abril pasado al MUAC no podría haber sido más controvertida. Su exposición Una carta siempre llega a su destino: Los archivos Barragán se vio eclipsada por su pieza central: las cenizas del famoso arquitecto Luis Barragán convertidas en un diamante sobre un anillo de compromiso, con un proceso de exhumación algo dudoso, en septiembre de 2015 del Círculo de los Jaliscienses Ilustres en Guadalajara.

El revuelo fue tanto desde el momento que se anunció para el calendario del MUAC en 2018, que el comisario Cuauhtémoc Medina decidió adelantarla por su relevancia. Además, hubo momentos algo incómodos en el debate de inauguración con la artista, que significaban la ebullición de un problema que había durado años.

Pues bien, la muestra ya se encuentra en el museo de la UNAM y sus 41 obras constituyen toda una reflexión sobre los límites del arte, la propiedad privada y la mercantilización de un legado. La primera sala muestra lo que Magid titula como Autorretrato pendiente, en el que promete que sus cenizas tendrán el mismo destino sobre un anillo que las del único Pritzker mexicano, y la última, junto a cuatro Exvotos de caballitos, la joya de la discordia con las cenizas del arquitecto mexicano en su vitrina, titulada La propuesta.

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El título no es casual, es una alusión a la oferta de Jill Magid a Federica Zanco. "Una oferta que tiene toda la vida para responder", según Magid. Esta última es la experta en arquitectura propietaria de gran parte de los Archivos Barragán desde 1994, cuando su marido –el empresario suizo Rolf Fehlbaum– le regaló los derechos de estos comprados a la viuda del arquitecto como regalo de bodas. Ella puso la sede de su Fundación Barragán con la mayor parte del trabajo del tapatío en Basilea. La pelea ya es personal entre ambas y Magid asegura que quiere que el archivo vuelva a su país de origen.

Lamentablemente, las cartas entre ambas no forman parte de la exposición por motivos legales pero sí lo es el video de la exhumación de las cenizas –en el que se introduce un caballito de plata en la urna de Barragán–, los contratos con la empresa que convirtieron las cenizas del creador en diamante o ejemplares (no originales) de los libros que leía Barragán. Al fin y al cabo, la muestra es un debate y la única manera de sacar una conclusión propia de ello es ver las preguntas que se ofrecen para buscar cada uno su respuesta.

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