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Luis Gerardo Méndez derramó sudor y sangre para 'Bayoneta'

El actor sale de su zona de confort con una cinta rodada en Finlandia
Luis Gerardo Méndez
Luis Gerardo Méndez en 'Bayoneta'

Suelta un golpe rápido y respira. El trazo va bien definido y busca tener un largo alcance. Lo llaman jab y él lo domina por completo. Luego, viene el juego de pies. Uno, dos. Uno, dos. Después, el control de la guardia. Ambos brazos en posición, buscando la protección del rostro, con la flexibilidad para extender el bloqueo al cuerpo. Ahora, viene la combinación: suelto golpe, muevo pies y bloqueo... Luis Gerardo sí parece pugilista. Vestido como el boxeador Miguel Galíndez en su nueva película, Bayoneta , Méndez ya entiende varias cosas sobre la vida en el cuadrilátero, y las entiende bien.

El box es una gran analogía de la vida. Estar en el ring significa eso: subir a partirse la madre, a soltar golpes, a caerse, a levantarse, que te abucheen, a sangrar y llegar a una cima que no es nada, que es efímera, y luego te vuelves a caer”, dice en entrevista con Life and Style.

Al hidrocálido, de 36 años, le han levantado el puño en varias ocasiones, como sucede cuando un boxeador gana la pelea . Su primer escenario fue en la preparatoria y para 2003 debutaba en televisión en Ladrón de Corazones. Un año más tarde aparecería en su primera cinta, Santos peregrinos, y desde entonces se iría invicto en varios combates, como protagonista de obras de teatro como El Curioso Incidente del Perro a Medianoche y Privacidad, y series como XY, hasta convertirse en uno de los actores más mediáticos y rentables del país.

Su película Nosotros los Nobles , por ejemplo, es la segunda más taquillera de la historia en México, con 340 millones de pesos recaudados. Su intención, tras varios años de actuar en comedias, es demostrar que puede funcionar en otros géneros y que no está encasillado en los personajes y las cintas que le han dado fama, como No Sé Si Cortarme Las Venas O Dejármelas Largas, de Manolo Caro.

“Me di cuenta de que podía seguir haciendo el mismo tipo de comedias e iba a ser muy exitoso, y que mis películas iban a hacer millones y millones y millones en taquilla toda la vida, si yo le daba a la gente lo que esperaba de mí. Hubo un momento en el que decidí romper con eso y empecé a cuestionarme sobre qué quería buscar, qué quería decir y qué me interesaba”, explica.

Luis Gerardo Méndez
Luis Gerardo Méndez en 'Bayoneta'
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Sin embargo, eso implicaba un sacrificio y arrojarse a lo desconocido, aun sabiendo que, como él mismo explica, todo podría salir mal. También significaba ponerse en manos de un director como Kyzza Terrazas (Machete Language, 2011) y mostrarse vulnerable. “[Con Bayoneta] Transité por lugares muy polarizados: por un lado, nunca me he sentido mejor en mi vida que cuando entrené para la película, me sentía un toro, muy sano, fuerte y claro en la cabeza. Estar tirando golpes requiere concentración. El poder enfocar tu mente en algo así te da mucha paz. Yo soy muy ansioso, mi mente va a mil por hora y el box me dio mucha paz. Pero, por otro lado, cuando me tocó estar en el ring, filmando, también me llevó a un lugar de mucho descontrol”, asegura.

DEJAR LA ESQUINA

Después de una tragedia deportiva, Miguel “Bayoneta” Galíndez huye de su natal Tijuana y se autoexilia en Finlandia. Es un hombre solitario, oscuro y tan desolado como la nieve impoluta y el paisaje que lo rodean. Lograr esta interpretación le costó a Luis Gerardo sudor y sangre.

Rodó a temperaturas bajo cero y en medio de tormentas de nieve, vivió en carne propia las adversidades de un atleta profesional y las exigencias de los sparrings. “Fueron cinco meses de acondicionamiento y trabajé con entrenadores de Finlandia antes de arrancar con la filmación. Fue un tema de alimentación y de ejercicio y, sin duda, el mes antes de iniciar las peleas [de la película] vivía como un boxeador. Desayunaba y luego corría varios kilómetros, dormía una siesta, después entrenaba box durante dos horas para las coreografías, comía, hacía pesas y me metía a la cama”, recuerda.

Antes de dormir, aunque ya estaba fuera del personaje, el cuerpo de Luis Gerardo comenzaba a temblar. Lo llevaba tan al límite durante los entrenamientos, que por las noches entraba en una termogénesis que lo invalidaba momentáneamente. Durante meses estuvo al borde de la enfermedad, mientras continuaba con la construcción de su personaje. A la par, enfrentaba la dificultad de actuar por primera vez en otro idioma. “Era mi primera película en inglés, y eso también implicaba un reto: el hecho de representar a un personaje que se tiene que comunicar en una lengua que no es la mía, la materna. Era complejo”.

Luis Gerardo Méndez
Luis Gerardo Méndez en 'Bayoneta'

Arriba del cuadrilátero se emparejan el desgaste mental y el físico. Y aun cuando se trataba de un filme, soltar golpes durante ocho horas consecutivas con pugilistas profesionales, bajo las incandescentes luces del set y víctima de la deshidratación, le provocaba ganas de tirar la toalla. “Pierdes el control. De pronto, metí un par de gritos y después me tenía que disculpar con el crew y la gente con la que estaba trabajando. Desde el principio se los comenté: ‘Estaré haciendo algo que nunca he hecho. Voy a estar en un lugar muy vulnerable, entonces, les encargo que me cachen’. Conecté con lugares de una violencia muy particular y con una sensibilidad muy a flor de piel. Fue un buen ejercicio tener esas sensaciones, reconocerlas y tratar de controlarlas”.

“Para mí, es muy importante rodearme de la gente adecuada, de mis amigos, de mi familia. Necesito estar cerca de las personas en las que puedo confiar. Muchos con los que estudié actuación e hice mis primeros trabajos siguen siendo mis amigos. Tengo muy claros a mis críticos. Sé quiénes son, pero también a quiénes me interesa escuchar, y no solamente a nivel cinematográfico o teatral, sino a nivel de vida, sobre las decisiones que estoy tomando en mi carrera”.

Y después, el comeback. Que suene de nuevo la campana. Así piensa este hombre que, antes de Bayoneta, nunca había estado en una pelea física, a puño limpio o con guantes, en la vida real. “Soy una persona muy pacífica. Nunca había soltado ni recibido un golpe en mi vida”.

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