Saint Martins, camino a la fama

¿Cómo es la mejor escuela de arte y diseño del mundo? Fuimos a Londres a descubrirlo
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Fotografías de David Franco  -  (Foto: Fotografías de David Franco)

Cuando pasas unos minutos en la escuela Central Saint Martins (C.S.M.) resulta inevitable no sentirse parte de una atmósfera que tiene más de Fame —la película o la serie, la que más te guste, si creciste en los 80— que de un ámbito universitario.

Pero nuestro devaneo ochentero es interrumpido de tajo por una chica que grita: a pocos meses de graduarse, ensaya una obra. A su lado, un muchacho toca su violonchelo. Otro canta, mientras una chica discute su tesis con el director de su maestría. Como gacelas, tres chicas con mallas atraviesan el hall a los saltos para perderse en la cafetería. Una muchacha con pelo rosa las mira mientras dibuja figurines: sueña con lanzar su primera colección de moda una vez que se diplome y consiga el dinero.

En esta escuela, casi todo se permite en aras de la libertad creativa. El progresismo de sus profesores es la regla, así como sus credenciales. Ellos evalúan la solicitud de cada candidato: sólo los que llamen su atención entrarán. Y quien tenga la fortuna de estudiar aquí será formado por lo mejor en la disciplina que elija.


A C.S.M.  se la conoce por sus egresados: diseñadores de moda o gente vinculada a la industria en su mayoría, como el fallecido Alexander McQueen, Stella McCartney, Christopher Kane y John Galliano, además de la editora de la Vogue británica, Alexandra Shulman, entre otros nombres. Pero este college ofrece, además de docenas de  cursos orientados a la moda, un prestigioso programa de estudios en artes, diseño industrial y de producto, actuación y comunicación. Como prueba, bastan algunos nombres de ex alumnos que no han destacado en la moda sino en el cine, como Pierce Brosnan y Colin Firth o los directores Mike Leigh y Stephen Frears.

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Para brillar en este colegio, el único obstáculo parece ser el vil metal. La escuela otorga algunas becas, pero la mayoría aplica a alumnos británicos. Estudiar aquí es costoso, aunque el lugar reciba ayuda privada y gubernamental —esta última, cada vez más escasa desde la ola neoliberal que inauguró en los 80 la primer ministra Margaret Thatcher—. La lejanía —sobre todo para los extranjeros—, el clima hostil y las dificultades de vivir en una ciudad tan cara y competitiva como Londres son otros factores a tener en cuenta.

Y la presión de pertenecer a una de las mejores escuelas del globo no es gratis: “Nuestros estudiantes son jóvenes que deben manejar empleos, problemas de dinero y del corazón... Imagina un estudiante chino de 19, que llega a Londres con poco dinero, que puede hablar bien el idioma, pero que no maneja las señales y gestos como lo hacen los británicos...  Y al que se le pide que presente su mejor obra, en la mejor escuela, frente a 40 personas”, nos propone Jeremy Till, director de C.S.M.

“Admiro a los que solamente logran sobrevivir en esta ciudad. Yo no estoy de acuerdo con que la educación de elite deba ser dura y que la competencia haga sufrir al alumno, pero sería acertado decir que sólo los más fuertes logran diplomarse aquí”, agrega este hombre accesible y sencillo que se preocupa, genuinamente, por sus estudiantes. Es, además, una rara avis en esta escuela, ya que no pertenece al mundo de la moda ni el arte: es arquitecto, especialista en urbanismo sustentable.

Un día típico en la oficina de Till se traduce en “interminables juntas. Pero todos los días camino por la cafetería y los pasillos para ver qué pasa en la escuela. De lo contrario, se te olvida por qué haces este trabajo, que por momentos puede ser solitario”. Es que, cuando diriges una de las escuelas más influyentes, “la gente te habla distinto”, admite.

Sobre el hecho de que, a nivel mundial, Saint Martins sea reconocido esencialmente como un colegio de diseño de indumentaria, Till se muestra tajante: “Entiendo que, como ‘marca’, el nombre Saint Martins se conozca en el exterior gracias a la moda, y eso es algo positivo. Pero somos mucho más que moda: líderes mundiales en disciplinas como el diseño industrial, hemos ganado el Premio de la Reina en este rubro”.

Contra lo que algunos podrían imaginar, en esta escuela se impulsa el rigor intelectual y el compromiso absoluto. Para Till, “ser creativo no es diseñar una buena mesa: es entregar algo a  la sociedad”.

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