Savile Row o la quinta esencia del estilo

Los mejores sastres del Reino Unido están en Savile Row
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Fotografías de David Franco  -  (Foto: Fotografías de David Franco)

Para trabajar en Savile Row no hay contacto ni privilegio que valga: quien quiera —o pueda, ya que las plazas para ser aprendiz son muy cotizadas— convertirse en cutter (cortador) tiene que respetar un rígido sistema de castas  y, fundamentalmente, tener mucha paciencia. Así lo explica Leon Powell, cortador en Anderson & Sheppard, una de las firmas más añejas de este rincón del barrio londinense de Mayfair.

"En Anderson & Sheppard se empieza desde abajo, y se asciende por rangos", cuenta Powell, que se considera afortunado por haber iniciado su carrera como aprendiz de la firma. Llevaba tres años como becario cuando lo invitaron al salón de cortado. Era justo lo que él quería: las plazas en Savile Row se cuentan con los dedos de una mano, así que el que recibe este tipo de invitación debe sentirse afortunado por poder codearse con los más expertos del ramo.

  Además, "en esta métier, te vuelves mejor cuanto más viejo eres", dice Powell, que lleva 12 años en la compañía, lo que en "años sastre" equivale a ser un bebé: John Hitchcock, algo así como el "maestro de sastres" de esta firma, lleva 55 años cortando sacos en Savile Row. Y decimos "sacos" porque en este oficio no existen modernidades como el multitasking: para hacer un traje de dos piezas —los hay de tres, cuando el cliente pide un chaleco— se necesitan nueve personas, cada una consagrada a una tarea muy precisa.  Este pequeño ejército incluye un cortador de sacos, otro de pantalones, un trimmer —encargado de confeccionar el interior y el forro de cada prenda—, un sastre de abrigos, otro especialista en chalecos, un finisher —o responsable de las terminaciones—, y un planchador. 


La realeza contra los nuevos ricos

Otros sastres del barrio —nos encontramos en la calle Old Burlington, adyacente a Savile Row— actúan con cierta soberbia, lo que suele espantar a más de un cliente, especialmente a los que algunos llaman nuevos ricos. Aquellos que se oponen a la aristocracia local, retratada en la pantalla en lo que queda del día o Downton Abbey.

 

Sin embargo, Leon Powell es un perfecto caballero: dueño de unos modales de manual de etiqueta, para él y sus empleados no hay diferencias que valgan. Ya sea un joven que ganó su primer millón en una empresa de tecnología y que sueña con encargar un traje en la meca del arte bespoke o un lord caído en desgracia que, dos veces por año, ordena sus sacos de caza, quien quiera que traspase las puertas de su tienda será considerado como si fuera el mismísimo príncipe Carlos (que, por otro lado, fue vestido por la firma en varias oportunidades). 

Si de clientes ilustres se trata, Charles Chaplin, Pablo Picasso o Cary Grant se han vestido aquí. Al igual que Marlene Dietrich, una precursora en detectar la sensualidad que destila un traje portado por una mujer. Un dato para cinéfilos: en la película El paciente inglés, Ralph Fiennes baila con Kristin Scott Thomas enfundado en un esmoquin —en Savile Row este término se remplaza por dinner suit o traje para cena— de Anderson & Sheppard. Las figuras del mundo de la moda también han encargado trajes aquí: Calvin Klein, Bill Blass y Tom Ford son habituales de la casa.

Un código secreto

Del paso de cada cliente, por simple que sea, da cuenta el cuaderno de medidas, algo parecido a un libro de actas que compila los datos de cada traje encargado en la firma. Los archivos se retrotraen al año 1920, pues los registros anteriores —la tienda abrió en 1906— se quemaron en un incendio. En cada página figuran, además del nombre y la dirección del cliente, entre 18 y 20 medidas para un saco,y otras siete para los pantalones.

"Mi oficio no se reduce a tomar medidas: se trata de saber mirar al cliente, su postura, su configuración. Estamos entrenados para ver cosas que ninguna otra persona percibiría", cuenta Powell mientras hojea un viejo cuaderno de medidas. En sus renglones se ven indescifrables letras y números que sólo un sastre de la firma puede desentrañar: "Esas anotaciones  hacen referencia a la configuración del cuerpo de cada cliente y los arreglos que hay que hacer en la pieza que ha encargado. Están escritos en una especie de código secreto que sólo nosotros entendemos...",  dice Powell, con cierto misterio.

El —o la, ya que hay mujeres que también lo hacen —que encargue una prenda bespoke primero tendrá que elegir la tela. En Anderson & Sheppard, las  opciones son casi infinitas, e incluyen textiles de Loro Piana, Holland & Sherry y marcas que sólo proveen telas para esta sastrería. Difícil decidir entre tantas alternativas. Pero esto es algo que Powell resuelve con rapidez.

"El 40% de nuestros clientes son británicos, otro tanto corresponde a estadounidenses y un 20%, al resto del mundo. Por regla general, siempre preguntamos cómo es el clima en su lugar de residencia para elegir luego la tela adecuada", dice. Otra pregunta que hace Powell al cliente es qué uso piensa darle a la prenda que ordena: "Si es para negocios, o si, por el contrario, busca algo sport. O si necesita una pieza para cazar o pasear por el campo. Si es este caso, recomendamos tweed escocés, una tela ruda y robusta que si se engancha en la rama de un árbol no se desgarra", explica. Para Powell, la palabra saco o traje no dice  mucho: en el diccionario de este diestro coat maker —experto en sacos y abrigos— existen términos como  dinner-jackets (nuestro bien ponderado esmoquin), lounge suit (traje informal), sacos cruzados, single breasted (con una sola hilera de botones), morning coats (para la mañana), overcoats (abrigos), entre docenas de variantes que, fuera del círculo de la aristocracia británica, son prácticamente desconocidas. Más allá de la terminología, la fórmula de la casa para confeccionar trajes no obedece a ningún manual de sastrería.

"Nuestra receta no está escrita: se pasa de una generación a otra verbalmente. Puedes conseguir libros sobre el oficio, pero no hay uno que explique cómo cortar un traje de nuestra firma", dice Powell. En cuanto a la silueta que persigue su firma, "es una forma clásica basada en las proporciones. No seguimos la moda: lo que hacemos es la quintaesencia del estilo inglés".

Antes de despedirse dice con orgullo: "No hay que olvidar que si eres sastre en Savile Row, eres uno de los mejores del planeta".

 

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