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Marty Baron: Cómo ser un periodista (serio) en los tiempos de Donald Trump

El director de The Washington Post habla en entrevista exclusiva sobre la creciente polarización de la sociedad estadounidense y cómo resistir los ataques de la persona más poderosa del mundo.
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Marty Baron ha sido director de The Washington Post desde 2013.

Donald Trump está en guerra con la prensa, pero la prensa –o al menos The Washington Post– no está en guerra con él. Marty Baron, quien dirige el mítico diario estadounidense desde 2013, confía en la capacidad del periodismo serio para contrarrestar los embates del presidente y sus consecuencias.

“Nunca es agradable ser el blanco constante de los ataques de la persona más poderosa del mundo, alguien que no duda en usar ese poder para castigar a la gente o las instituciones que, por lo menos en su mente, son enemigos políticos. Pero no podemos permitir que sea una distracción ni que influya en la integridad de nuestro trabajo”, dice en entrevista con Life and Style y Expansión.

Pero a Baron, de 62 años, sí le preocupa la seguridad de sus periodistas debido al lenguaje que Trump emplea para “denigrar y deshumanizar a la prensa”. También lo inquieta percibir que la polarización de la sociedad de su país no aminora, sino que va en aumento.

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“Uno de los motivos es que las personas reciben ‘información’ de entidades que confirman sus puntos de vista preexistentes”, afirma. “Parte de esta información no es real. Se trata de falsedades y teorías de la conspiración lunáticas. Creo que la prensa debe asegurarse de hacer bien su trabajo, con estándares altos”.

Baron, quien está hoy en la Ciudad de México para participar en una conversación con León Krauze y presentar Post Opinión, es una celebridad del periodismo por las razones correctas. Tras su paso por las redacciones de The Miami Herald, The Los Angeles Times y The New York Times, volvió al Herald como editor ejecutivo en el 2000. Con él al mando, el periódico recibió un premio Pulitzer por su cobertura de la redada en la que el niño Elián González fue devuelto a su padre en Cuba.

En 2001 se convirtió en editor ejecutivo de The Boston Globe, que en ese lapso obtuvo seis Pulitzer, el más famoso gracias a la revelación de los cientos de abusos de niños por sacerdotes católicos y el encubrimiento de la Arquidiócesis de Boston. Esa historia inspiró Spotlight, ganadora del Óscar a mejor película en 2016 y en la que el actor Liev Schreiber interpretó a Baron.

Boston Globe Editor Martin Baron Announces Departure For Washington Post
En The Boston Globe fue editor ejecutivo de 2001 a 2012, cuando se realizó la investigación que inspiró la película Spotlight.

Hace seis años llegó a The Washington Post, legendario por la publicación de los Papeles del Pentágono y el seguimiento del escándalo Watergate, que causó la renuncia del presidente Richard Nixon en 1974. La era Baron ha traído otros nueve Pulitzer al diario, entre ellos dos por reportajes comprometedores para Trump: la divulgación de un audio en el que hace comentarios sexuales sobre mujeres con el conductor del programa Access Hollywood y la investigación de sus mentiras sobre supuestas donaciones a organizaciones caritativas. También ha aumentado sustancialmente su alcance digital, sobre todo desde que fue adquirido por Jeff Bezos, fundador de Amazon, en octubre de 2013.

Una de las iniciativas más recientes de este medio es justamente Post Opinión, una nueva página en la sección Global Opinions que publicará columnas y ensayos originales en español sobre los acontecimientos más relevantes en América Latina, España, Estados Unidos y el mundo. A continuación, reproducimos las respuestas de Baron a nuestro cuestionario.

¿Cómo describe el estado actual de la relación entre el presidente Donald Trump y la prensa? ¿Qué le preocupa?
La relación de Donald Trump con los principales medios de comunicación empezó mal desde que lanzó su campaña para la presidencia y ha empeorado. Al principio de su campaña cada que examinábamos su carrera, sus antecedentes o la veracidad de sus declaraciones, respondía con descalificaciones. Después trató de marginarnos, desacreditarnos y deshumanizarnos al llamarnos basura y cosas peores. Durante su presidencia nos ha tildado de enemigos del pueblo y traidores de la patria. Se esfuerza por descalificar a la prensa como árbitro de los hechos e, incluso, por destruir la propia idea de la verdad objetiva. Toda la evidencia disponible sugiere que, desde su perspectiva, la verdad es la que él dice que es. Y para que la prensa sea justa, debe estar de su lado 100%. A corto plazo, debo preocuparme por la seguridad de nuestros periodistas debido al lenguaje que ha empleado para denigrar y deshumanizar a la prensa. A largo plazo, me preocupa mucho la polarización en el consumo de la información. En las democracias debemos debatir las soluciones a los retos que enfrentamos como sociedad. ¿Pero cómo tener una democracia si somos incapaces de coincidir en un conjunto de hechos como punto de referencia?

¿Cuáles son los retos de cubrir a un presidente que constantemente ataca a la prensa y qué estrategia se debe seguir desde una perspectiva periodística?
Nunca es agradable ser el blanco constante de los ataques de la persona más poderosa del mundo, alguien que no duda en usar ese poder para castigar a la gente o las instituciones que, por lo menos en su mente, son enemigos políticos. Pero no podemos permitir que sea una distracción ni que influya en la integridad de nuestro trabajo. El presidente ha afirmado varias veces que está en guerra con la prensa, pero en The Washington Post no estamos en guerra. Estamos trabajando, haciendo nuestra labor como corresponde en un sistema constitucional que fomenta una prensa libre y vigorosa. La razón por la cual los fundadores de esta nación nos dieron esa libertad fue para que la prensa pueda exigir a los funcionarios del gobierno rendir cuentas. Es lo que hemos hecho y seguimos haciendo, y debemos ser fieles a esa misión. Es la única estrategia que tiene sentido.

Durante la campaña de Donald Trump, The Washington Post publicó reportajes que muchos creyeron supondrían el fin de su candidatura. Sin embargo, ésta se mantuvo e incluso se fortaleció. ¿Esto lo decepcionó o desmotivó?
Publicamos los hechos cómo y cuándo los conocemos. Nuestro trabajo no consiste en perjudicar ni ayudar a ningún candidato. Los votantes deciden lo que consideran importante y qué candidato puede servir mejor a sus intereses. Es la naturaleza de una democracia y respeto la forma en que este sistema funciona. De modo que no estoy decepcionado ni desmotivado. Estoy resuelto a seguir adelante con nuestra tarea y brindar a los ciudadanos la información que necesitan y merecen saber. Ellos podrán decidir cómo responder a dicha información.

La capacidad de Trump para sortear trabajos periodísticos e investigaciones oficiales comprometedores suscitan dudas sobre el entorno político que lo rodea. ¿Qué responsabilidad tienen instituciones como el Congreso por no hacer que el presidente rinda cuentas?
No es mi papel ser comentarista político y no voy a expresar opinión alguna sobre cómo debería responder el Congreso al presidente. Me interesa el papel de otra institución esencial en toda democracia: la prensa. Quiero que hagamos nuestro trabajo de forma adecuada. Dejaré que otras instituciones resuelvan cómo desempeñar el suyo.

Washington Post Executive Editor Martin Baron And Family Members Of Post Journalist Held In Iran Jason Rezaian Discuss His Case
Una imagen de 2015, cuando Baron fue fundamental para la liberación de Jason Rezaian, jefe del buró de The Washington Post en Teherán.

Se acerca la campaña para la elección presidencial de 2020. ¿Cómo cubrirá The Washington Post a Trump y sus partidarios? ¿Qué lecciones aprendieron de la campaña de 2016? ¿Se arrepiente de algo en la labor del diario en ese proceso electoral?
No me arrepiento de cómo cubrimos la campaña. Creo que lo hicimos bien, analizamos con rigor las carreras y los antecedentes de los dos principales candidatos. Sólo me arrepiento de que antes de que Donald Trump anunciara su candidatura, no detectamos oportunamente las ansiedades y los agravios en regiones de Estados Unidos que condujeron a una candidatura de esta naturaleza. Desde entonces, y durante esta campaña, nos estamos asegurando de llegar a cada rincón del país y pasar mucho tiempo con la gente común para comprender sus preocupaciones y aspiraciones.

Muchos simpatizantes de Donald Trump comparten su opinión negativa sobre medios como The Washington Post. ¿Aún es importante procurar entenderlos y conectar con ellos para explicar su visión de las cosas?
Nuestro trabajo es comprender a toda clase de personas en Estados Unidos, sin importar sus inclinaciones políticas. La iniciativa “American Team” [un equipo de periodistas que viaja constantemente por el país para conocer lo que la gente piensa y por qué piensa de esa manera] es clave para evaluar los sentimientos de los votantes estadounidenses. Para ganarnos la confianza del pueblo estadounidense es esencial cubrir los temas que más les interesan: ir adonde están y reportar sus esperanzas y dificultades con rigor, honestidad, honor, imparcialidad y franqueza.

¿Considera que la presidencia de Trump ha fracturado el tejido político y social del país? De ser así, ¿qué se requerirá para reconstruirlo y recuperar la confianza de la gente en las instituciones y la prensa?
Voy a eludir el comentario político general, pero me referiré a la prensa estadounidense como institución. Creo que tenemos que hacer al menos tres cosas. Primero, ser más transparentes sobre cómo abordamos nuestro trabajo. Explicar el proceso de investigación y reporteo. Brindar a los lectores documentos, grabaciones y otros materiales de apoyo. Segundo, explicar mejor quiénes somos. Los estereotipos de las redacciones como la nuestra son incorrectos. Se asume que todos nuestros periodistas provienen de centros cosmopolitas en las costas este y oeste del país, que todos asistimos a las llamadas universidades “de élite”, que no comprendemos a regiones más conservadores del país. La realidad es que en nuestra redacción hay periodistas que han sido militares, incluso en combate, que se criaron en granjas, que asistieron a universidades evangélicas y crecieron en familias con dificultades económicas. Tercero, debemos asegurarnos de que todos los estadounidenses se vean reflejados con justicia, rigor y dignidad en nuestra cobertura. Debemos escribir sobre sus vidas, preocupaciones y sueños con regularidad.

¿La polarización de la sociedad estadounidense es reversible o se acentuará? ¿Cuál debería ser el papel de la prensa en este contexto?
Me preocupa que la polarización de la sociedad estadounidense va en aumento. Uno de los principales motivos es que el consumo de información de las personas está polarizado. Reciben “información” de entidades que confirman sus puntos de vista preexistentes. Parte de esta información no es real. Se trata de falsedades y teorías de la conspiración lunáticas. Creo que la prensa debe asegurarse de hacer bien su trabajo, con estándares altos. No sé si podemos hacer mucho más. A largo plazo considero que funcionará. Ya hemos vivido periodos de polarización intensa: durante la era del macartismo en los años 50 y durante Watergate en los 70, por ejemplo. Nos recuperamos de los ataques que sufrió la prensa y la libertad de expresión. También sortearemos este periodo.

Al final de la presidencia de Trump, ¿confía en que la prensa seguirá siendo relevante?
Sí, estoy convencido de que los principales medios de comunicación en Estados Unidos comprendemos mejor que nunca nuestra misión y nos hemos dedicado a cumplirla sin importar los ataques del presidente. Necesitamos tener un compromiso inquebrantable con nuestra misión, esto nos guiará a través de este periodo inquietante.

México se ha vuelto un tema recurrente para Trump, con declaraciones repudiables, amenazas o noticias falsas. ¿Esto cambió la cobertura del Post de nuestro país para sus lectores estadounidenses?
Hemos dedicado más recursos a la cobertura de México y América Latina en general. Hace poco se incorporó un segundo corresponsal en la Ciudad de México y otro en Brasil. Las declaraciones del presidente con respecto a México no influyen en nuestra cobertura excepto por el impacto que tienen sobre las relaciones bilaterales y las condiciones económicas, sociales y políticas de México. Cubriremos todo esto. El lanzamiento de un podcast en español y de Post Opinión, una sección de comentarios en español relacionados con temas en el mundo de habla hispana, es un reflejo de nuestro interés continuo en la región y en el efecto que tienen las condiciones de Latinoamérica sobre Estados Unidos. Estamos convencidos de que existe un mercado importante de posibles lectores y escuchas en Latinoamérica para el periodismo independiente de The Washington Post.

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